En los días actuales, los debates públicos y, posiblemente, los más discretos en privado, revelan una cierta confusión entre los conceptos de seguridad y defensa, aunque ya se están viendo algunos resultados del esfuerzo por fomentar una Cultura de Defensa.
Es fundamental reconocer que la seguridad por sí sola no ofrece suficiente claridad para fijar dicha distinción, ya que, en terminología militar, se entiende como «la necesidad de implementar una serie de medidas para evitar que el enemigo nos tome por sorpresa». Este concepto ha sido un principio central del Arte de la Guerra en las principales doctrinas militares globales, y también en España; en otro sentido, «la seguridad es el estado que facilita la vida ordenada de un país, promoviendo su desarrollo en diversos ámbitos, o la condición que resulta de establecer ciertas medidas de protección.»
El dilema para algunos puede residir en la dificultad de aprobar un incremento en el gasto militar si este se concentra exclusivamente en la defensa, a pesar de la amenazante postura que proviene del Este de Europa y, quizás, del Sur; argumentando que una solución que se enfoque en el gasto en seguridad podría suavizar esas dificultades percibidas.
El término seguridad, al reemplazar al de defensa, emerge en Europa al reconocer otros riesgos que pueden comprometer la existencia coherente de un país, y al no querer desarrollar por completo el concepto de defensa nacional, globalizador e integrador; con la intención, en España, de reducir el gasto en Defensa Militar, esto se planteaba a inicios del 2000, impulsado incluso por think tanks surgidos en torno a estos conceptos para su financiamiento.
La definición más clara y extensa de la Defensa Nacional, aunque ya obsoleta, se encuentra en la Ley de Criterios Básicos de la Defensa Nacional y de la Organización Militar de 1980, en pleno periodo de la Transición:
«La Defensa Nacional es la disposición, integración y acción combinada de todas las energías y fuerzas morales y materiales de la Nación ante cualquier forma de agresión, debiendo todos los españoles participar en la consecución de tal objetivo.»
Adicionalmente, su objetivo es garantizar de manera permanente la unidad, soberanía e independencia de España, así como su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, protegiendo la vida de la población y los intereses de la Patria; finalmente, se añadía que debía proporcionar una efectiva Seguridad Nacional, introduciendo así este concepto por primera vez.
Por lo tanto, la seguridad nacional es el resultado de una sólida Defensa Nacional; se trataba, por consiguiente, de un efecto más que de una organización. En este sentido, la Defensa Nacional, tal como fue concebida en los años ochenta, consistía en dos aspectos clave: la Defensa Militar y la Defensa Civil:
La Defensa Militar es «la disposición permanente de las Fuerzas Armadas para enfrentar, en todo momento y lugar, cualquier amenaza o agresión de un enemigo». La Defensa Civil se define como «la disposición permanente de todos los recursos, humanos y materiales, que no son estrictamente militares, al servicio de la Defensa Nacional y también en la lucha contra todo tipo de catástrofes extraordinarias».
Las tres definiciones, bastante claras, establecen los conceptos que hoy aparecen en el debate público y parlamentario sobre el “rearme” europeo para enfrentar los riesgos y amenazas que implican las actitudes y operaciones que Rusia está realizando en Ucrania, incluidas las indirectas, ahora catalogadas como híbridas; sin embargo, es cierto que existe una cierta confusión inducida.
En primer lugar, la Ley Orgánica de la Defensa Nacional actual, la de 2005, aprobada tras el conflicto de la Operación Iraqi Freedom en Irak en 2003/4, que dejó obsoleta la anterior, no define en ningún momento la Defensa Nacional, ni la Defensa Militar ni la Defensa Civil; estos aspectos no contribuyen en gran medida al debate actual sobre dónde aplicar los incrementos en la financiación de la Defensa Nacional que exige Europa, sobre todo dada la nueva política de Trump y su debilitamiento de las relaciones transatlánticas.
Sin embargo, en el debate apenas se menciona el nuevo concepto, la Seguridad Nacional, que no es tan reciente si se considera como un efecto logrado por una Defensa Nacional eficaz; este último surgió ya, estructurado, con recursos, personal e instituciones, por supuesto con presupuesto, aunque si se examina en detalle se identifica con el anterior, tan globalizador como lo era su causa desencadenante, la Defensa Nacional.
Un incremento en la Defensa Militar que, naturalmente, incluye el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, además de otros elementos integrados en ellas como la ciberdefensa y la guerra de la información, que comprende la desinformación, el dominio cognitivo y muchos otros aspectos, como la movilización, no lograría los resultados esperados fuera del ámbito político sin una Defensa Civil, que actualmente no tiene un nombre específico, pero que abarca todos los recursos civiles orientados a lograr la Defensa Nacional; esta última nunca ha sido concretada, pero es fundamental para «completar» la efectividad de la Defensa Militar, muchos de cuyos elementos están predeterminados en la Seguridad Nacional.
De esta manera, tanto la Defensa Militar como la Defensa Civil son componentes de esta nueva función y efecto, y están incluidas en ella, por lo que el vínculo entre seguridad y defensa resulta obsoleto, otorgando predominancia a la Seguridad Nacional, que se define como:
«La acción del Estado destinada a proteger las libertades y el bienestar de sus ciudadanos, a asegurar la Defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir, junto a nuestros socios y aliados, a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos asumidos.»
Si se busca incrementar el gasto en Defensa Militar sin vincularlo a la Defensa Civil, al menos en cuanto a su contenido, estaremos dejando incompleta la primera, tanto para la defensa de España como para nuestra contribución a la Defensa de Europa, a través de la UE y la OTAN. (Ricardo Martínez Isidoro, General de División rdo, Presidente de AEME)
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