En la primera edición de Radioanálisis, la socióloga y especialista en seguridad y crimen organizado, Lucía Dammert, habló sobre su obra “Anatomía del poder ilegal. Violencia, crimen organizado y corrupción en América Latina”, donde resume más de diez años de entrevistas a víctimas de mercados ilegales. Su intención es abrir un debate no solo entre unos pocos, sino para que la mayor cantidad de gente posible participe en esta conversación crucial para la región.

“Se trata de una industria que incluye diversas actividades: drogas, tráfico de migrantes, tala y minería ilegal, especialmente en países amazónicos, que actualmente generan más ingresos que el narcotráfico. Además, existen muchos otros pequeños y medianos negocios en la región. Lo más importante que el libro propone es que no se pueden analizar los mercados ilegales de forma aislada. Debemos considerar tres elementos: los mercados ilegales, su capacidad para corromper instituciones y personas, y la debilidad institucional del Estado. Necesitamos Estados fuertes para luchar contra estos mercados ilegales”, argumentó Dammert.

Las herramientas estatales a las que se refiere abarcan no solo a las fuerzas policiales y judiciales, sino también capacidades institucionales que reconozcan, por ejemplo, la relevancia del lavado de activos y la necesidad de combatir el tráfico de armas. La discusión, entonces, se enmarca en un contexto más político y estructural de nuestros países, no meramente policial o criminal.

“Nos sorprende que existan organizaciones criminales, pero estas han estado presentes a lo largo de nuestra historia. Hoy, asociamos a estas organizaciones con el narcotráfico, aunque en realidad buscan legitimar su dinero en el mercado formal. El Estado debe enfrentar problemas estructurales de la sociedad y también fortalecer capacidades de supervisión, incluyendo la fiscalización de quienes fiscalizan. Estos mercados mueven cientos de millones de dólares, lo que les permite financiar campañas políticas en países con poca regulación y corromper tanto a sectores públicos como privados, generando negocios que parecen legítimos pero son totalmente ilegales”, añadió la académica de la Universidad de Santiago.

Respecto al debate sobre seguridad en Chile, Dammert afirmó: “Estamos atrapados en un electoralismo que convierte la seguridad en un negocio, tanto financiero como electoral”, lo que ha llevado a una escasa discusión sobre programas preventivos.

“Como la seguridad es un buen negocio electoral, nos cuesta inclinarnos hacia políticas a largo plazo. El deterioro de la situación en años recientes, no solo en el último año, indica que deberíamos adoptar una política que fije la pedagogía como prioridad, pues si todos nos dejamos llevar por propuestas inmediatas, la ciudadanía podría creer que estas son la solución, lo cual no es cierto”, concluyó.

Lucía Dammert, socióloga, académica de la Universidad de Santiago, experta en seguridad y crimen organizado.

Lucía Dammert, socióloga, académica de la Universidad de Santiago, experta en seguridad y crimen organizado.

“Estamos experimentando un abandono del rol del Estado y de la política, y ese vacío lo están ocupando organizaciones criminales más sofisticadas. A su vez, rastrear el dinero ahora es más complicado que hace 50 años. En un contexto donde algunos debates apuntan a reducir el tamaño del Estado, debemos asegurarnos de fortalecer sus capacidades para enfrentar los mercados ilegales. Es fundamental discutir que la presencia de mercados no siempre conlleva violencia; a veces, países con menos violencia tienen una administración más efectiva de la ilegalidad. Por ejemplo, Perú presenta tasas de homicidio relativamente bajas, a pesar de que enormes territorios están bajo el control de mercados ilegales. El control territorial y una relación no conflictiva con el Estado pueden generar una cierta ‘paz mafiosa’, pero no creo que ese sea el entorno que deseamos”, indicó la experta.

Para enfrentar esta problemática, Dammert indicó que se requiere una estrategia a largo plazo que involucre la coordinación de todos los actores. Esto es un gran desafío. Además, es crucial que los Estados se fortalezcan en los aspectos esenciales de esta lucha. Por último, es necesario abordar el fenómeno como una industria. Si no reconocemos que el 80% de la cocaína mundial se consume en Estados Unidos, país en el que hay significativamente menos muertes que en las zonas de producción, y continuamos creyendo que acabar con la producción es suficiente mientras la demanda se mantenga alta, realmente no estamos entendiendo el negocio.

Con Información de radio.uchile.cl