Este último mes se ha convertido en un período particularmente complejo para la familia Cicardini. Por un lado, el alcalde de Copiapó, Maglio Cicardini, enfrenta un procedimiento disciplinario de la Contraloría Regional debido a denuncias por presunto intervencionismo electoral en favor de su hija, la diputada y candidata al Senado Daniella Cicardini. Las acusaciones apuntan a un eventual condicionamiento de gestiones y apoyos municipales hacia organizaciones sociales para respaldar su candidatura, además del uso de recursos públicos en actividades de campaña, hechos que el organismo contralor se encuentra investigando.
En paralelo, la propia Daniella Cicardini ha generado cuestionamientos por su ausencia en los espacios de discusión pública previstos para esta campaña. La parlamentaria no asistió al debate regional organizado por TVN Atacama este jueves, tal como tampoco estuvo presente en los encuentros convocados por El Diario de Atacama ni en el foro de Radio Chañarcillo junto a la Universidad de Atacama. De esta manera, la candidata no ha participado en ninguno de los debates locales, evitando pronunciarse sobre las acusaciones que vinculan directamente su aspiración senatorial con la gestión de su padre en el municipio.
La situación se agrava por el escenario municipal: la reciente polémica en torno al alto costo de la Fiesta de la Primavera, que contempla un presupuesto cercano a los $281 millones, ha reforzado la percepción de prioridades cuestionadas dentro de la administración de Copiapó. La combinación entre gastos elevados en celebraciones, denuncias de intervencionismo y la ausencia de la candidata en instancias de contraste programático ha instalado un clima de desconfianza y desgaste público.
El mes negro de la familia Cicardini refleja así un punto crítico en la campaña: las preguntas están sobre la mesa, pero las respuestas aún no.