Fecha de análisis: 18 de noviembre de 2025

La nueva normativa ha sido diseñada para modernizar completamente el sistema de seguridad estatal, brindando a las instituciones pertinentes herramientas legales, operativas y tecnológicas más efectivas, adaptadas a los desafíos contemporáneos.

La necesidad y relevancia de esta legislación surgen en un contexto sociopolítico y de seguridad altamente sensible, marcado por un aumento sostenido y la diversificación de las actividades criminales.

Las estadísticas oficiales indican que las tasas de delincuencia han alcanzado máximos históricos en el último período, siendo este fenómeno particularmente agudo en ciertas áreas geográficas, como la región norte del país. En estas zonas, la sensación de inseguridad se intensifica debido a la convergencia de factores como el crimen organizado transnacional, la expansión de las rutas de narcotráfico y la gestión de flujos migratorios irregulares. Por lo tanto, la Ley 21.659 y su reglamento se plantean como una respuesta coordinada, eficaz y sostenible ante esta grave situación.

Un marco normativo ambicioso

El Dr. Claudio Fuentes, académico de la Universidad de Chile y experto en políticas de seguridad, afirma que “la nueva ley busca profesionalizar y mejorar la coordinación de las instituciones de seguridad, aunque su éxito dependerá de su implementación y de los recursos asignados”. La normativa incorpora nuevos mecanismos de coordinación interinstitucional y fortalece las capacidades de inteligencia, áreas que tradicionalmente han sido débiles en el sistema chileno.

Las mejoras técnicas en la coordinación y la inteligencia podrían tomar inspiración de modelos como el español, que enfatiza la colaboración entre la Policía Nacional y la Guardia Civil, y de la experiencia estadounidense con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), centrado en la fusión de información y recursos. Para su implementación, podría considerarse la creación de una Agencia Nacional de Análisis Criminal e Inteligencia de Seguridad, similar a la Agencia de Inteligencia Criminal (BKA) de Alemania, que centraliza información para una respuesta más rápida y coordinada.

La ley también presenta conceptos innovadores como la “seguridad ciudadana integral”, que va más allá del enfoque punitivo e integra elementos de prevención social. Sin embargo, como advierte la Dra. Lucía Dammert, criminóloga de la Universidad Católica, “el reto está en traducir estos principios en acciones concretas que realmente impacten la percepción de seguridad entre los ciudadanos”.

En este sentido, modelos de intervención social de países nórdicos como Noruega y Dinamarca, que emplean programas de intervención temprana para jóvenes en riesgo, son cruciales. Una propuesta adicional sería desarrollar “Zonas de Prioridad de Prevención” (ZPP), basadas en un mapeo de riesgo social y criminal. Estas ZPP recibirían inversión dirigida y multidisciplinaria en áreas como policía comunitaria, programas de empleo juvenil y acceso a servicios de salud mental, en línea con la estrategia de Seguridad Humana promovida por la ONU.

Además, en la línea de profesionalización, se podría establecer un sistema de certificación obligatoria para todos los profesionales de la seguridad pública, incluidos los policías, inspirado en estándares de calidad de la Comisión de Acreditación para Agencias de Cumplimiento de la Ley (CALEA) en Norteamérica, garantizando que los protocolos en uso de la fuerza, ética y recolección de evidencia cumplan con estándares internacionales.

Lecciones internacionales:

La experiencia colombiana en seguridad urbana puede ofrecer valiosas lecciones para Chile. En Medellín, los “Proyectos Urbanos Integrales” (PUI) lograron reducir la tasa de homicidios de 381 por cada 100,000 habitantes en 1991 a 23 en 2019. Según Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, “la clave fue combinar inversión en infraestructura social, educación y cultura en barrios vulnerables, junto a una presencia policial estratégica y comunitaria”.

Este modelo podría ser especialmente aplicable a las regiones del norte de Chile, donde el narcotráfico prospera en comunidades con altos índices de vulnerabilidad. La Dra. María Elena González, de la Universidad de Tarapacá, propone que “aplicar programas similares en Antofagasta o Iquique podría tener resultados significativos, siempre que se adapten a las necesidades locales”.

La experiencia europea: Prevención y tecnología

El modelo de “policía de proximidad” de los Países Bajos ofrece elementos valiosos. En Ámsterdam, la implementación de “equipos de barrio” que integran policías, trabajadores sociales y mediadores comunitarios ha reducido la reincidencia juvenil en un 40%. El criminólogo Jan van Dijk sostiene que “la prevención situacional junto con la intervención temprana son más costo-efectivas que un enfoque puramente represivo”.

Francia ha desarrollado el sistema “Zones de Sécurité Prioritaires” (ZSP), concentrando recursos policiales y sociales en áreas específicas, lo que ha resultado en una reducción promedio del 15% en la delincuencia en zonas intervenidas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Altos Estudios de Seguridad y Justicia francés.

Tecnología e inteligencia: El caso de Nueva York

La experiencia del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) con el sistema CompStat (Computer Statistics) es un hito en la modernización de la gestión policial a nivel global, marcando un antes y un después en el uso de datos e inteligencia para combatir el crimen.

El Caso CompStat: La revolución de la gestión basada en datos

CompStat, impulsado por figuras clave como el exjefe de policía de Nueva York, William Bratton, transformó la respuesta policial al crimen. Este sistema no solo recopila estadísticas criminales, sino que analiza en tiempo real patrones delictuales y asegura la rendición de cuentas de los mandos de distrito, permitiendo respuestas estratégicas rápidas a focos de criminalidad emergentes.

Bratton explica que “el análisis en tiempo real de patrones delictuales permite una asignación más eficiente de recursos y una respuesta más rápida” a la dinámica delictiva. Esto implica un cambio de tácticas reactivas a estrategias proactivas, donde los datos guían decisiones operativas.

La georreferenciación de incidentes y la identificación de patrones delictivos específicos permiten centrar el patrullaje y las acciones de inteligencia en los “puntos calientes” del crimen, maximizando la efectividad de las fuerzas policiales.

Potencial de implementación en el contexto chileno

La experiencia de Nueva York ofrece lecciones y un modelo aplicable a países como Chile. Se podría implementar un sistema de inteligencia policial basado en datos que siga el modelo de CompStat, aprovechando capacidades tecnológicas de instituciones como la Policía de Investigaciones (PDI) y Carabineros. La PDI, con su enfoque en investigación criminal y análisis de inteligencia, podría liderar esta adaptación.

Sin embargo, el reto no solo radica en adquirir tecnología, sino en establecer una plataforma que permita la integración y análisis de información criminal entre distintas unidades y niveles de mando.

La advertencia crítica: Tecnología y cambio cultural

Sin embargo, adoptar tecnología no garantiza el éxito. El Dr. Hugo Frühling, académico de la Universidad Diego Portales, indica que “la tecnología es una herramienta poderosa, pero necesita ir acompañada de cambios organizacionales profundos y una cultura institucional orientada a resultados”.

Esta advertencia resalta que el éxito de CompStat en Nueva York depende tanto de la tecnología como de una transformación cultural dentro del NYPD. El sistema estableció un nuevo modelo de gestión basado en transparencia, responsabilidad individual sobre cifras y planificación estratégica. Sin un compromiso firme con la rendición de cuentas, capacitación continua en análisis de datos, y disposición para modificar estructuras jerárquicas, la inversión en tecnología podría ser subutilizada. En Chile, cualquier esfuerzo de modernización tecnológica debe ir acompañado de una reforma que promueva una cultura de evidencias y eficacia operativa.

Desafíos de implementación

El decreto 209 establece plazos específicos para implementar distintas componentes de la ley, pero expertos advierten sobre posibles obstáculos. La Dra. Katherine Espinoza, socióloga de la Universidad Alberto Hurtado, menciona que “la coordinación interinstitucional en Chile ha sido históricamente complicada, y será necesario superar resistencias corporativas y territoriales”. Esta coordinación es crucial, dado que la ley afecta a múltiples ministerios y servicios públicos, exigiendo una sincronización que supera lo administrativo. Un desafío clave será evitar la duplicidad o vacíos en la aplicación de las nuevas normativas.

En cuanto a la gestión financiera, existe preocupación en torno al presupuesto asignado. Según el Centro de Estudios Públicos, la implementación completa de la ley requerirá una inversión adicional de al menos 200 millones de dólares anuales durante los primeros cinco años. Esta suma no solo abarcaría contratación y capacitación de personal especializado, sino también la modernización de la infraestructura tecnológica necesaria para el monitoreo y fiscalización. La sostenibilidad a largo plazo de esta inversión es una preocupación, especialmente ante posibles restricciones fiscales. La distribución y uso efectivo de estos fondos serán determinantes para evitar que la ley sea ineficaz por falta de recursos operativos.

Conclusiones estratégicas y propuestas innovadoras para implementar efectivamente la Ley 21.659

La Ley 21.659 brinda un marco legal sólido, pero su verdadero impacto requiere una transformación cualitativa en la estrategia de seguridad pública. Las siguientes conclusiones y propuestas se centran en innovación, tecnología y gestión avanzada:

Gobernanza de seguridad centrada en datos (Data-Driven Security Governance): Conclusión: La seguridad debe ser predictiva, no reactiva. Es necesario crear una plataforma nacional unificada de inteligencia criminal en tiempo real.

Medida Propuesta: Establecer un “Gemelo Digital de Seguridad Ciudadana”, replicando la infraestructura urbana en un entorno virtual para simular escenarios de riesgo y optimizar la distribución policial antes de implementar nuevas políticas.

Laboratorios de innovación comunal (Living Labs): Conclusión: Adaptar prácticas internacionales efectivas requiere un proceso controlado de prueba y error.

Medida Propuesta: Crear “Comunas Sandbox de Seguridad” donde se permita experimentar con tecnologías disruptivas y esquemas de participación ciudadana moderna, evaluando su efectividad antes de la expansión nacional.

Capital humano 4.0 en seguridad: Conclusión: La brecha entre la modernización legal/tecnológica y la capacidad operativa del personal es crítica.

Medida Propuesta: Establecer la “Academia Nacional de Liderazgo y Ciberseguridad Policial” para capacitar a los mandos en gestión basada en evidencia y análisis de datos avanzado, transformando al policía en un “oficial de datos”.

Financiamiento estratégico y de impacto: Conclusión: El éxito sostenido depende de un flujo de recursos adecuado y blindado contra la volatilidad política.

Medida Propuesta: Crear un “Fondo Nacional de Seguridad con Criterios de Impacto Social (S-ROI)”, que asigne recursos condicionados a la demostración de una Tasa de Retorno sobre la Inversión en Seguridad.

Rol estratégico de Consultora Sciat Facere

Contexto: La consultora Sciat Facere, con su experticia en planificación estratégica y modernización de estructuras de seguridad, se posiciona como un socio clave para la implementación efectiva de la Ley 21.659 y el Decreto 209, siendo esencial su capacidad para adaptar complejos modelos internacionales a la realidad local.

Propuesta estratégica de colaboración:

Reflexiones finales:

La necesidad de asesoría estratégica multidisciplinaria

La Ley 21.659 y su Decreto 209 representan un proyecto de transformación de seguridad nacional que requiere un enfoque integral. La evidencia internacional demuestra que el éxito depende de la convergencia de tecnología, gestión basada en datos y liderazgo institucional comprometido.

El principal riesgo es que la normativa se divida en silos institucionales, o que la inversión tecnológica no esté acompañada de cambios culturales. Superar resistencias y garantizar una Tasa de Retorno sobre la Inversión (S-ROI) requiere una visión externa y una capacidad de ejecución especializada.

En este sentido, la consultora Sciat Facere y su equipo multidisciplinario se configuran como un socio estratégico fundamental, asegurando la eficacia de conceptos innovadores como el “Gemelo Digital de Seguridad” y las “Comunas Sandbox”.

Se recomienda que los clientes estratégicos colaboren con Sciat Facere para:

Asegurar la interoperabilidad y ética del dato: Usar su experiencia para diseñar la plataforma de inteligencia unificada, garantizando toma de decisiones basadas en evidencia.

Garantizar la escalabilidad de la innovación: Aprovechar la metodología de Monitoreo y Evaluación de Sciat Facere para expandir iniciativas solo si demuestran impacto positivo.

Impulsar el cambio cultural: Contar con Sciat Facere para liderar la transformación organizacional necesaria para implementar un sistema de rendición de cuentas efectivo.

Solo a través de esta colaboración estratégica se podrá traducir la promesa de la Ley 21.659 en un sistema de seguridad pública realmente eficaz y sostenible para Chile.

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