La segunda vuelta presidencial en Chile, programada para el 14 de diciembre, se ha convertido en un referéndum sobre la crisis de seguridad pública del país, resaltando dos enfoques y estrategias totalmente diferentes para enfrentar este asunto. En la primera vuelta, la candidata oficialista Jeannette Jara obtuvo el 26,8% de los votos, mientras que su competidor de derecha, José Antonio Kast, logró un 24%.
Ambos candidatos ahora se enfrentan al crucial desafío de captar los votos dispersos de otros contendores, particularmente los del electorado centrista y aquellos que priorizan la delincuencia y el crimen organizado, mientras refuerzan sus respectivas propuestas de seguridad.
Jara, con su postura de izquierda moderada, se enfocará probablemente en las causas sociales de la delincuencia, la modernización de las fuerzas policiales con un enfoque en los derechos humanos y la inteligencia financiera para combatir el crimen organizado.
Kast, desde una posición de derecha más estricta, basará su campaña en la «mano dura», promoviendo un aumento en la plantilla policial, la expulsión rápida de migrantes delincuentes, el control militar en zonas críticas y una reforma profunda del sistema judicial que endurezca penas y facilite la prisión preventiva.
El debate sobre seguridad, dada la polarización de las propuestas y la urgencia del tema para la ciudadanía, será uno de los aspectos centrales que determinará quién será el próximo presidente de Chile.
La propuesta de Kast: una seguridad de línea dura
José Antonio Kast ha centrado su campaña en la seguridad pública, respondiendo a la creciente preocupación ciudadana por la violencia. Su estrategia se basa en el «Plan Implacable», que se estructura en cuatro pilares fundamentales.
En primer lugar, Kast propone la creación de cárceles de máxima seguridad con aislamiento total para los líderes del narcotráfico, junto con un endurecimiento significativo de las penas para los integrantes de bandas criminales. Esta propuesta busca la incapacitación a través de una reclusión prolongada.

En segundo lugar, Kast ha convertido la migración irregular en un tema central, buscando impulsar expulsiones masivas. Este enfoque refleja una conexión entre migración y delincuencia, similar a las propuestas de Franco Parisi, quien obtuvo un 19,6% de los votos con una plataforma contundente contra el crimen.
Terceramente, Kast aboga por levantar el secreto bancario para rastrear el dinero ilícito y combatir el financiamiento del crimen organizado, así como por un control más estricto de armas y un registro biométrico de criminales peligrosos.
La estrategia de Jara: enfoque en seguridad fronteriza y prevención
Aunque la información sobre el programa de Jeannette Jara es más limitada, la candidata oficialista enfatiza la importancia de la seguridad fronteriza como un aspecto vital. Su enfoque es diferente al de Kast, combinando medidas fronterizas con políticas sociales más amplias, como mejorar la atención médica pública, brindar subsidios a los pobres y flexibilizar el secreto bancario para combatir el crimen.

La propuesta de Jara sugiere una visión de seguridad que trasciende las medidas represivas directas, incorporando elementos preventivos mediante intervenciones en determinantes sociales y económicos de la delincuencia. Sin embargo, la candidata ha tenido dificultades para distanciarse del gobierno impopular de Gabriel Boric y de las posiciones radicales de su partido.
El reto de captar votos centristas
La dinámica electoral exige que ambos candidatos compitan por los votos de los que no avanzaron a la segunda vuelta. La centroderecha Evelyn Matthei, con un 12,6%, ha expresado su apoyo a Kast, al igual que Johannes Kaiser con un 13,9%. Esto suma aproximadamente el 51% de los votos para la derecha, situando a Kast como favorito por el potencial arrastre de estos apoyos.
Franco Parisi, con su 19,6% y una plataforma de seguridad similar a la de Kast, representa un electorado vulnerable a ser captado por el candidato republicano. Sin embargo, Parisi no respaldó a ninguno de los dos candidatos en la primera vuelta, afirmando: “Les tengo una mala noticia a los candidatos: gánense los votos”. Esto mantiene la incertidumbre sobre a dónde se dirigirá su capital electoral, aunque analistas políticos anticipan que muchos de sus votantes podrían optar por Kast, dada la similitud en seguridad.
Análisis prospectivo: viabilidad y efectividad
Las candidaturas en el ámbito de la seguridad deben considerar los cuestionamientos que enfrentan. Kast ha sido presionado sobre la viabilidad de sus propuestas, especialmente su promesa de recortar 6 mil millones de dólares en gasto público en 18 meses, sin comprometer programas sociales, mientras implementa cárceles de máxima seguridad. Críticos señalan que su propuesta de que inmigrantes indocumentados paguen sus pasajes para salir de Chile carece de mecanismos realistas.
Por su parte, Jara no ha logrado alcanzar el respaldo habitual del 30% que posee el gobierno de Boric, sugiriendo que su mensaje de seguridad no ha conectado efectivamente con el electorado preocupado por la delincuencia. Su primer resultado electoral fue menor al anticipado, dado que las encuestas previas proyectaban una ventaja de entre cinco y nueve puntos a su favor.
Investigaciones académicas sobre políticas de seguridad sugieren que tanto la incapacitación mediante encarcelamiento como los enfoques que combinan control fronterizo y inversión social presentan resultados mixtos. Las propuestas de Kast se alinean con modelos de “mano dura”, mientras que las de Jara integran elementos preventivos con la reducción de vulnerabilidades sociales.
La batalla de las emociones: seguridad y la perspectiva de Sciat Facere en la segunda vuelta
La contienda por la presidencia no se define solo por números o la solidez técnica de las propuestas. En este escenario electoral, la viabilidad y efectividad de las políticas de seguridad de Kast y Jara se miden también a través de un enfoque emocional, como sugiere Sciat Facere, que resalta el impacto del clima emocional y la polarización en la opinión pública.
Las críticas a la factibilidad de Kast —relativas a recortes presupuestarios y construcción de megacárceles— son analizadas desde esta perspectiva. Sciat Facere argumenta que la viabilidad técnica es secundaria cuando la retórica de la «mano dura» resuena con un clima de frustración y miedo ante la delincuencia. Para un electorado ansioso, las promesas radicales se aceptan sin cuestionamientos, impulsadas por su impacto emocional. La radicalidad, además, polariza y refuerza la lealtad de la base de Kast contra su oponente, una dinámica identificada por Consultora Sciat Facere como clave en contextos inestables.
Por el contrario, el estancamiento de Jara, incluso por debajo del apoyo histórico del oficialismo, refleja su incapacidad para conectar emocionalmente con los votantes. Su programa, enfocado en la prevención y la reducción de vulnerabilidades, contrasta con un clima dominado por la urgencia y el miedo. El electorado, que demanda soluciones rápidas, percibe estos enfoques graduales como insuficientes, a pesar de su posible efectividad a largo plazo.
El análisis multifactorial de Sciat Facere expone esta desconexión: no es suficiente con considerar las encuestas iniciales. Es esencial integrar la variable del aumento de la percepción de inseguridad. El mensaje de Jara, centrado en la «evidencia mixta» de políticas preventivas, no logró resonar con la realidad de la calle, llevándola a un margen de apoyo inferior al esperado.
En resumen, mientras que la investigación académica advierte sobre la eficacia mixta de ambos enfoques (mano dura y acciones sociales), la electoralización parece centrarse en las percepciones. La capacidad predictiva de Sciat Facere radica en su habilidad para iluminar cómo la polarización y el clima emocional influyen en la percepción de efectividad. En esta segunda vuelta, como bien sugirió Hunter S. Thompson, la resonancia emocional de una propuesta podría ser el factor decisivo, más allá de su viabilidad técnica.
Conclusión prospectiva
En la segunda vuelta, Kast y Jara deberán no solo defender sus propuestas originales, sino también integrar selectivamente elementos de los competidores derrotados. La captación del voto de Parisi será crucial: su electorado, preocupado por la delincuencia, podría ofrecer una ventaja decisiva a Kast si logra captar esas preferencias, aunque la transferencia de voto populista no es automática.
La efectividad de ambos candidatos en seguridad pública dependerá de la factibilidad técnica y presupuestaria de sus promesas, así como de su capacidad para formar coaliciones de gobernanza con expertos en políticas públicas y economistas, de los cuales Kast no tiene un respaldo significativo en la coalición empresarial tradicional chilena. La segunda vuelta del 14 de diciembre no solo decidirá entre dos candidatos, sino entre dos paradigmas radicalmente diferentes sobre cómo enfrentar la inseguridad que ha llevado a Chile hacia la derecha.
Con Información de revistaseguridad.cl