Un análisis reciente sobre las operaciones de Estados Unidos contra los rebeldes hutíes en Yemen estima que el Pentágono gastó aproximadamente 5.000 millones de dólares en una sola campaña para proteger el tráfico en el mar Rojo. Sin embargo, los ataques con drones y misiles de bajo costo se han intensificado nuevamente meses después. Por otro lado, estudios sobre el denominado “Eje de la Resistencia” indican que, a pesar de las severas pérdidas sufridas por Irán y sus milicias aliadas desde principios de 2024, los hutíes parecen ser el único grupo que ha fortalecido su posición, siendo capaces de proyectar poder a distancias considerables con equipos relativamente económicos.

La geografía (estrechos marítimos críticos y rutas de cables submarinos) y la tecnología (drones kamikaze, misiles balísticos y de crucero, embarcaciones no tripuladas) han convertido al mar Rojo en un escenario de guerra asimétrica. Los hutíes llevan a cabo ataques intermitentes que obligan a las coaliciones navales a utilizar interceptores costosos, modificar las rutas de tráfico y aumentar las primas de seguros, sin necesidad de mantener un ritmo constante de fuego. Estados Unidos y sus aliados, por su parte, se enfrentan al dilema de cómo reducir la capacidad de un actor irregular sin involucrarse en un conflicto terrestre más amplio ni escalar la situación con Irán.

Para Chile, un país que exporta intensivamente recursos naturales y agroalimentos, esta dinámica tiene consecuencias directas e inmediatas: cualquier interrupción prolongada en el mar Rojo encarece y retrasa las cadenas logísticas que conectan al país con mercados en Europa, Medio Oriente y Asia, incluso cuando los barcos optan por desviar su ruta alrededor del cabo de Buena Esperanza. Además, la evidencia de que un actor con recursos limitados puede entorpecer el comercio mundial mediante drones y misiles plantea importantes interrogantes sobre la arquitectura de defensa de cualquier nación costera, incluyendo la necesidad de invertir en capacidades de defensa aérea y antidrone en torno a puertos y nodos de exportación.

A corto plazo, el escenario más probable es la continuidad de una “guerra de baja intensidad pero alta fricción” en el mar Rojo, con oleadas ocasionales de ataques y respuestas específicas de Estados Unidos y sus aliados. A largo plazo, la situación de los hutíes reitera que los conflictos futuros combinarán plataformas económicas, objetivos de alto valor y una economía política del riesgo, donde los ganadores no serán necesariamente quienes posean más portaaviones, sino quienes aprovechen la asimetría para influir en los costos de operación de rutas marítimas cruciales. Chile deberá incorporar este enfoque en sus ejercicios, planificación de capacidades y análisis de vulnerabilidad en sus corredores de exportación.

Con Información de elradar.cl