El Ejército polaco ha formalizado un pacto con el operador de la red eléctrica nacional, PSE, para fortalecer la protección de infraestructuras críticas, especialmente subestaciones y líneas de alta tensión, ante el incremento de amenazas como drones y actos de sabotaje atribuidos a Rusia.
Este acuerdo incluye el intercambio de información, entrenamientos conjuntos y respaldo en la adquisición de tecnologías para contrarrestar drones, así como mecanismos para coordinar la planificación energética y militar. Esto garantiza que, por ejemplo, la instalación de parques eólicos no interfiera con las necesidades de entrenamiento y operaciones del ejército. La red polaca, que abarca más de 16.000 km de líneas de alta tensión y alrededor de 110 subestaciones, se ha convertido en un nodo estratégico para la interconexión de los países bálticos con el resto de Europa, lo que la convierte en un atractivo objetivo para operaciones de guerra híbrida.
Para Chile, la acción polaca representa un claro ejemplo de cómo la línea entre la defensa militar y la protección civil se difumina: la infraestructura energética, de telecomunicaciones y de transporte deja de ser exclusivamente un “asunto civil” para integrarse de manera explícita en la planificación de la defensa nacional. En un país que depende en gran medida de extensas redes eléctricas y sistemas de transmisión que recorren un territorio complejo, la amenaza de drones, ciberataques o sabotajes físicos obliga a reconsiderar modelos de seguridad, la coordinación institucional y la regulación.
El panorama que se vislumbra es el de una Europa que enfrenta un conflicto prolongado con Rusia, donde la protección de cables, subestaciones y centros de control es tan esencial como el fortalecimiento de brigadas blindadas o escuadrones de combate. Si esta lógica se consolida, será inevitable que países como Chile analicen la integración más profunda entre sus políticas de ciberseguridad, sus empresas de infraestructura crítica y sus Fuerzas Armadas.
Con Información de elradar.cl