Recientemente, China ha desplegado más de 100 buques de su Armada y Guardia Costera en el mar Amarillo, el mar de China Oriental, el mar de China Meridional y el Pacífico occidental, constituyendo una de sus mayores exhibiciones marítimas en un contexto de crecientes tensiones con Japón y Taiwán.

Las imágenes satelitales y las evaluaciones de inteligencia revelan que, en el momento más intenso del despliegue, más de 100 unidades chinas, que incluyen buques de guerra, patrulleros y medios de guardia costera, se agruparon en varios «grupos de tarea», operando desde el sur del mar Amarillo hasta las aguas al este de Taiwán y el mar de Filipinas. Este despliegue abarca maniobras de ataque simulado, ejercicios de negación de acceso (A2/AD) y operaciones «de enjambre», característicos de las campañas de zona gris que Beijing ha llevado a cabo en torno a Taiwán y Filipinas.

Este aumento en la actividad coincide con tres elementos políticos clave: las declaraciones de la primera ministra japonesa sobre la posibilidad de una respuesta militar a la agresión china contra Taiwán; el reciente incremento del presupuesto de defensa taiwanés en casi 40 mil millones de dólares; y un ciclo de fricciones diplomáticas entre Beijing y Tokio tras la convocatoria del embajador japonés en noviembre. Desde la perspectiva oficial china, estas operaciones son presentadas como «ejercicios rutinarios de invierno»; sin embargo, la magnitud, dispersión geográfica y el componente claramente coercitivo de este despliegue exceden con creces los patrones de adiestramiento habituales.

El despliegue refuerza la arquitectura regional A2/AD de China, que incluye misiles antibuque, sistemas de defensa aérea y capacidades antisubmarinas, así como un uso sistemático de fuerzas paramilitares marítimas que difuminan la línea entre paz y conflicto. Esto complica la planificación de Estados Unidos y sus aliados (Japón, Australia, Filipinas), quienes deben mantener una presencia multisectorial para evitar que las «nuevas normalidades» impuestas por China se consoliden.

Implicaciones para Chile y posibles escenarios
Para Chile, como nación del Pacífico Sur y economía dependiente del comercio marítimo con Asia, el aumento sostenido de tensiones en el Indo-Pacífico presenta riesgos de interrupción en rutas, costos logísticos, seguros y estabilidad en los precios de materias primas. La estrategia chilena de proyección hacia el Pacífico Sur, destacada en la reciente reunión de ministros de Defensa del Pacífico Sur (SPDMM) en Viña del Mar y Valparaíso, se vuelve pertinente en este contexto: la propuesta chilena de ejercicios bienales centrados en seguridad marítima y ayuda humanitaria busca crear un marco de cooperación en un entorno cada vez más militarizado.

En el corto plazo, el escenario más probable es una «presión constante» por parte de China sobre Taiwán y los aliados de EE. UU., con el riesgo de incidentes o conflictos limitados en islas en disputa. Para Chile, el desafío será elevar su perfil como socio confiable en el Pacífico Sur, fortalecer sus capacidades de vigilancia y rescate en aguas australes, y, al mismo tiempo, mantener una diplomacia de defensa que combine prudencia política con una firme defensa de la libertad de navegación.

Con Información de elradar.cl