La Real Fuerza Aérea de Tailandia ha firmado un contrato por aproximadamente 3.440 millones de baht (alrededor de 107 millones de dólares) para obtener el sistema de defensa antiaérea BARAK MX, de origen israelí. Esta adquisición refuerza su protección contra amenazas de misiles y drones en un contexto regional cada vez más complicado.
Desarrollo y contexto estratégico
El sistema BARAK MX está diseñado como una solución modular de defensa aérea, capaz de integrar radares, centros de mando y una gama de misiles con diferentes alcances. Esto le permite hacer frente tanto a aeronaves tripuladas como a vehículos aéreos no tripulados y misiles de crucero. La prioridad de Bangkok es salvaguardar sus bases aéreas, infraestructuras críticas y centros industriales ante el creciente aumento de capacidades de ataque de precisión en la región.
Esta decisión de Tailandia forma parte de una tendencia más amplia en el Sudeste Asiático, donde países como Vietnam, Filipinas e Indonesia están invirtiendo en sistemas antibuque, radares de largo alcance y defensas aéreas modernas. Además, la proliferación de drones armados y municiones merodeadoras, evidenciada en conflictos como los de Nagorno-Karabaj y Ucrania, ha llevado a los Estados a reconsiderar sus doctrinas, estructuras de mando y presupuestos.
Para Israel, este contrato refuerza la posición del BARAK MX como una solución competitiva en el mercado frente a sistemas estadounidenses y europeos, consolidando su presencia en el sector de defensas de corto y medio alcance, donde las decisiones se basan tanto en criterios técnicos como políticos.
Implicancias para Chile y posibles escenarios
Para Chile, este movimiento de Tailandia reabre el debate sobre la capacidad de defensa aérea y antimisil de mediano alcance, así como la protección de infraestructuras críticas frente a drones y nuevas amenazas. El panorama regional latinoamericano presenta avances desiguales: mientras algunos países refuerzan sus sistemas de vigilancia y defensa aérea, otros aún dependen de medios heredados con escasa cobertura.
A corto plazo, es poco probable que Chile opté por una solución similar en esta parte del mercado, dado que las restricciones presupuestarias y las prioridades en otros sectores (ciberseguridad, presencia antártica, infraestructura marítima) son significativas. Sin embargo, la experiencia tailandesa proporciona indicios sobre la dirección del mercado: la integración de sensores, la capacidad para hacer frente a enjambres de drones y la presión para acortar ciclos de modernización. De cara a la planificación chilena, el enfoque más sensato es anticipar una segunda ola de proliferación de sistemas antidrone y C-RAM (Counter Rocket, Artillery and Mortar), donde soluciones modulares como el BARAK MX puedan servir de referencia tecnológica, aunque no necesariamente como modelo de adquisición.
Con Información de elradar.cl