lunes, 31 de agosto de 2026
Policial

Europa reconoce la existencia de una «guerra digital» de bajo perfil.

Expertos europeos advierten que el continente está actualmente inmerso en una «guerra digital», caracterizada por ciberataques apoyados por Estados, actividades de espionaje, ransomware y amenazas a infraestructuras críticas. Todo esto ocurre mientras las respuestas regulatorias e inversiones avanzan a un ritmo más lento que la propia amenaza.

Informes recientes revelan un panorama donde servicios de inteligencia y grupos asociados a potencias rivales utilizan herramientas de intrusión avanzada, inteligencia artificial generativa y cadenas de suministro de software comprometidas para infiltrarse en redes públicas y privadas a lo largo de la UE. La presión se siente especialmente en sectores como energía, transporte, finanzas y salud, donde un ataque bien coordinado podría paralizar ciudades o incluso países enteros sin necesidad de disparar un solo tiro. Aunque la Unión Europea ha implementado marcos como NIS2 y nuevas normativas de ciberresiliencia, especialistas señalan que muchos Estados miembros aún carecen de capacidades adecuadas para detectar, responder de manera coordinada y aplicar sanciones efectivas.

Esta situación invita a repensar la línea entre defensa y seguridad interna, ya que se torna cada vez más complicado distinguir entre operaciones de inteligencia, crimen organizado y preparativos para conflictos futuros. Las agencias de ciberseguridad se ven en la necesidad de colaborar estrechamente con fuerzas armadas, cuerpos de policía, reguladores financieros y empresas tecnológicas. A su vez, la «industrialización» del cibercrimen –que incluye mercados de exploits y servicios de ransomware como servicio– reduce las barreras de entrada para actores no estatales.

Para Chile, la experiencia europea sirve como una advertencia directa. El país enfrenta varias vulnerabilidades: una alta dependencia de infraestructuras digitales críticas, servicios financieros concentrados y una rápida digitalización de servicios públicos sin contar siempre con las capacidades necesarias de ciberdefensa. En este contexto, ver a Europa solo como un socio comercial o un referente normativo resulta insuficiente; se transforma en un «laboratorio vivo» de lo que podría suceder si Chile no fortalece su gobernanza en ciberseguridad, sus capacidades de inteligencia técnica y su coordinación entre el sector público y privado. Para un Estado periférico y abierto como Chile, una grave falla en el ciberespacio podría tener consecuencias tan desestabilizadoras como una crisis en la macrozona sur.

Con Información de elradar.cl

Editor

Redacción.