La Guardia Revolucionaria de Irán llevó a cabo un ejercicio de dos días en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, en el que se lanzaron misiles balísticos y de crucero contra objetivos simulados, además de utilizar drones de ataque. El propósito declarado de estas maniobras es demostrar su capacidad para bloquear el acceso a una de las rutas de energía más críticas del mundo.

Los ejercicios incluyeron un lanzamiento masivo de misiles de las familias Qadr y “303”, así como vehículos aéreos no tripulados que atacaron supuestas bases enemigas. Teherán destacó el uso de algoritmos de inteligencia artificial en la planificación de las salvas, lo que refuerza su mensaje de que su doctrina A2/AD (anti-acceso/negación de área) se está actualizando con tecnologías emergentes. Paralelamente, Irán organizó en su noroeste un ejercicio antiterrorista de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) con la participación de países como Arabia Saudita, Irak, Omán y Azerbaiyán, evidenciando su intención de integrarse en las estructuras de seguridad de Eurasia.

Este contexto se da en un Medio Oriente que ha superado una fase de escalada tras ataques a instalaciones nucleares iraníes y respuestas cruzadas con Israel y Estados Unidos. Irán busca mostrar que, a pesar de enfrentar sanciones y ataques selectivos, conserva intacta su capacidad de disuasión regional, especialmente frente a las fuerzas navales occidentales y rutas energéticas clave. Para las potencias ajenas a la región, cada uno de estos ejercicios constituye un recordatorio de la vulnerabilidad de los flujos de petróleo y gas que sustentan gran parte de la economía global.

Para Chile, aunque no sea un actor directo en el Golfo, el impacto es palpable: el aumento de la prima de riesgo en el transporte marítimo y la vulnerabilidad de los precios energéticos afectan directamente la inflación, los costos logísticos y el presupuesto de defensa. Un escenario con misiles y drones sobre el estrecho de Ormuz no es únicamente una cuestión lejana de geopolítica; se convierte en un factor capaz de tensar la macroeconomía chilena y obligar al Estado a replantear sus reservas energéticas, diversificación de proveedores y resiliencia logística. La política de defensa de Chile, históricamente más centrada en su vecindario, debe incorporar cada vez más estos choques externos como variables críticas.

Con Información de elradar.cl