Un buque mercante que transitaba por el estrecho de Bab el-Mandeb fue objeto de un ataque por parte de lanchas rápidas, que abrieron fuego contra la nave, obligando a los guardias armados a responder a la agresión. Este incidente resalta la vulnerabilidad de uno de los corredores marítimos más significativos del mundo.
El evento, reportado por centros de monitoreo marítimo, relata cómo un buque granelero fue perseguido por pequeñas embarcaciones que dispararon armas ligeras. La presencia de un equipo de seguridad privada a bordo permitió contrarrestar el ataque y evitar el abordaje, sin que se registraran heridos entre la tripulación. No obstante, el ataque reaviva la preocupación por el aumento de la piratería y la violencia marítima en un punto de confluencia entre el mar Rojo, el golfo de Adén y la ruta hacia el canal de Suez.
Este incidente se suma a un contexto ya tenso por las acciones de grupos armados en Yemen, especialmente las operaciones de los hutíes contra buques comerciales vinculados a países occidentales o a Israel. Esto ha llevado a Estados Unidos, naciones europeas y aliados regionales a desplegar fuerzas navales y sistemas de defensa para salvaguardar el tráfico marítimo. Aunque el ataque reciente se atribuye a piratas y no a actores estatales o insurgentes, la superposición de amenazas —piratería, milicias, terrorismo y crimen organizado— complica la seguridad del corredor.
El canal de Suez y el mar Rojo son clave para una parte significativa del comercio mundial de hidrocarburos y contenedores; cualquier aumento en la percepción de riesgo se traduce rápidamente en mayores costos de seguros, desvíos de rutas por el cabo de Buena Esperanza y demoras en la cadena logística global.
Implicaciones para Chile
Si bien el comercio chileno con Medio Oriente y Europa puede desviarse a través del Atlántico, una parte relevante del tráfico global que determina costos de flete, disponibilidad de barcos y precios de combustibles atraviesa el mar Rojo y el canal de Suez. Un corredor inestable implica mayores costos logísticos para exportadores e importadores chilenos, incluso si sus cargas no cruzan directamente por Bab el-Mandeb. Además, la creciente dependencia de Chile de fertilizantes y combustibles importados intensifica el impacto de cualquier disrupción en esa región.
Este episodio ilustra que el mapa de riesgos marítimos está cambiando: ya no se trata únicamente de grandes potencias y sus flotas, sino de una red de actores estatales y no estatales que pueden afectar rutas críticas con medios relativamente simples. Para Chile, que busca establecerse como hub logístico del Pacífico sur, es crucial monitorear estos corredores y participar en esquemas de cooperación marítima e intercambio de información, convirtiéndose en una necesidad estratégica más que en un lujo.
Con Información de elradar.cl