Recientemente, la OTAN concluyó en Tallin, Estonia, su ejercicio de guerra cibernética más grande hasta la fecha, simulando un conflicto digital a gran escala entre dos naciones ficticias y evaluando la capacidad aliada para gestionar ataques simultáneos contra redes eléctricas, satélites, sistemas militares y la opinión pública.
Durante una semana, cientos de expertos militares y civiles de 29 países miembros y siete socios, entre ellos Ucrania, se enfrentaron a situaciones que abarcaban desde la desinformación organizada hasta el sabotaje de infraestructuras críticas. Los escenarios incluían ataques a redes eléctricas, interferencias en comunicaciones satelitales, inserción de malware en sistemas de mando y control, y estrategias de manipulación en redes sociales, todo en un marco que imitaba las tácticas híbridas de Rusia y China.
Este ejercicio, parte del programa «Cyber Coalition 2025», fue ideado por el Mando Aliado de Transformación como un laboratorio para probar nuevas herramientas y doctrinas, incluidas capacidades de respuesta colaborativa y un “Virtual Cyber Incident Support Capability” que facilita la coordinación de la defensa en tiempo real entre diferentes países. Se destacó la prueba de sistemas de apoyo a la toma de decisiones basados en inteligencia artificial, capaces de analizar vastas cantidades de datos operacionales para sugerir acciones a los líderes.
Aparte del entrenamiento técnico, la OTAN transmite un mensaje político: la ciberdefensa ha dejado de ser un tema secundario y se ha convertido en un pilar tan importante como los dominios terrestre, marítimo, aéreo y espacial. Estonia, sede del ejercicio, sufrió ataques masivos a su infraestructura digital en 2007 y, desde entonces, se ha establecido como un modelo global en ciberresiliencia y casa de centros de excelencia aliados.
Implicancias para Chile
La experiencia de la OTAN resulta especialmente relevante para Chile, donde la discusión en torno a ciberdefensa se encuentra fragmentada entre diversas entidades civiles y militares, careciendo de una estructura clara de mando y coordinación estratégica. La simulación de ataques combinados contra redes eléctricas, sistemas de transporte y plataformas de comunicación plantea un escenario que podría replicarse en Chile ante crisis internas o tensiones regionales. El país debe avanzar de la reacción a la anticipación, implementando ejercicios conjuntos que integren las Fuerzas Armadas, el sector privado y agencias civiles.
La lección principal del ejercicio en Tallin es que, en un conflicto contemporáneo, la “primera bala” puede ser un paquete de datos, no un disparo. Para Chile, que depende de infraestructuras críticas altamente digitalizadas y de cables submarinos para su conexión global, la frontera entre ciberseguridad y defensa ha desaparecido: se trata de una única agenda estratégica que requiere decisión política, inversión continua y una doctrina actualizada.
Con Información de elradar.cl