Ante el impacto de los ataques rusos que saturan la infraestructura ferroviaria y energética de Ucrania con misiles y drones, el Pentágono está revisando profundamente su doctrina sobre guerra electrónica y sistemas no tripulados. Este cambio podría transformar la manera en que Occidente lleva a cabo operaciones en entornos de alta tecnología.

Recientemente, Rusia ha intensificado su campaña de ataques mixtos, utilizando cientos de drones y misiles contra nodos logísticos y energéticos en Ucrania. Estos asaltos buscan superar las defensas antiaéreas, desorganizar el transporte militar y aumentar el costo político de la resistencia ucraniana.

La respuesta de Kiev ha sido doble: primero, fortalecer la protección de sus tropas, enfatizando entrenamiento, supervivencia y resiliencia en el frente; segundo, aumentar el uso de drones tácticos, municiones merodeadoras y capacidades de guerra electrónica para interferir y debilitar los sistemas rusos.

En Washington, el conflicto se ha convertido en un laboratorio de situaciones reales. El uso extensivo de drones económicos, así como el despliegue de sistemas EW a nivel táctico, está forzando al Departamento de Defensa a reconsiderar cómo desarrolla, adquiere y despliega sus propios sistemas de guerra electrónica y plataformas no tripuladas. Recientes informes indican que el Pentágono está reevaluando programas clave de EW y de drones, reconociendo que su estructura tradicional no se adapta a un entorno donde cada soldado puede ser detectado y atacado en cuestión de minutos.

Implicaciones para Chile
Para Chile, esta evolución presenta múltiples capas. En primer lugar, refuerza la idea de que la superioridad tecnológica no se logra únicamente con plataformas avanzadas; la diferencia radica en la guerra electrónica distribuida, la inteligencia de señales y la integración masiva de UAVs tácticos en niveles bajos de mando. En segundo lugar, subraya la necesidad de que proyectos como “Drones para Chile”, los desarrollos de UAV de la FACh y el Ejército, y los ejercicios conjuntos de ciberdefensa trasciendan las demostraciones tecnológicas e incluyan doctrinas de empleo, interoperabilidad y protección frente a la guerra electrónica enemiga.

Ucrania ha dejado claro que quien no controle el espectro electromagnético pierde la batalla física. Para Chile, la lección es evidente: más que adquirir “aparatos”, es crucial construir una arquitectura de guerra electrónica y drones con integración conjunta, alianzas industriales y cooperación con socios que ya están experimentando en el campo de combate real.

Con Información de elradar.cl