Los drones navales ucranianos han neutralizado en el Mar Negro al petrolero Dashan, parte de la “flota oscura” que usa Moscú para sortear sanciones y financiar su guerra. Este es el tercer ataque de este tipo en dos semanas, lo que incrementa los costos operativos en la región y resalta la dimensión económica del conflicto.
La ofensiva de Ucrania ya no se limita solo a las trincheras de Donetsk o Zaporiyia; el frente marítimo se ha convertido en un escenario crucial donde Kiev busca debilitar el esfuerzo bélico ruso. El ataque al Dashan, buque sancionado por la UE y el Reino Unido, que opera sin pabellón claro ni transpondedor, forma parte de una campaña organizada contra la denominada “flota en la sombra” que transporta petróleo ruso fuera de los controles tradicionales.
Al atacar un barco que se dirigía a Novorosíisk en la zona económica exclusiva de Ucrania, Kiev lanza una doble advertencia: ninguna embarcación vinculada a la financiación del conflicto está a salvo, y la guerra híbrida ahora incluye la interrupción de flujos energéticos y financieros, además de la destrucción de vehículos blindados. Esto ya se está reflejando en el aumento significativo de las primas de seguros para operar en el Mar Negro, lo que incrementa los costos para Moscú y para cualquiera que busque colaborar en su estrategia de evasión de sanciones.
Simultáneamente, en tierra, Ucrania enfrenta la presión rusa en Pokrovsk, una ciudad estratégica en Donetsk que podría convertirse en la primera gran urbe capturada por Moscú desde Avdiivka en 2024. No obstante, expertos militares destacan que, incluso si la ciudad cayera, las sólidas defensas, el uso intensivo de drones y las fortificaciones adicionales hacen poco probable un colapso repentino de la línea del frente, aunque sí fortalecerían la narrativa rusa sobre su avance progresivo.
Para Chile, el conflicto en el Mar Negro no es un asunto ajeno: una nueva escalada en los riesgos marítimos puede tensar las rutas de suministro de combustibles y fertilizantes, y elevar los costos logísticos para un país tan dependiente del comercio marítimo. Además, el aumento en el uso de drones navales y de largo alcance requiere una reevaluación de las capacidades de vigilancia, guerra antisuperficie y protección de infraestructuras críticas portuarias en el Pacífico sur.
La campaña contra la “flota oscura” sugiere que la guerra se centrará cada vez más en asfixiar la economía de guerra rusa y en elevar los costos para sus socios logísticos. A corto plazo, se esperan más ataques selectivos contra buques y terminales energéticas, así como una competencia entre nuevas tácticas ucranianas y las contramedidas rusas, incluyendo posibles intentos de calificar estos ataques como “piratería” para justificar respuestas más agresivas en el Mar Negro. Para Chile, este escenario subraya la necesidad de seguir de cerca la evolución de las amenazas híbridas marítimas y su impacto en el comercio global y la seguridad energética.
Con Información de elradar.cl