La semana pasada, el gobierno de Donald Trump presentó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) que marcará su segunda administración. Las diversas reacciones suscitadas pusieron de relieve la importancia de estos documentos emitidos por los gobiernos estadounidenses. Analizar este Informe desde una perspectiva histórica puede facilitar una comprensión más profunda de su contenido y relevancia real.

El origen de esta obligación surge de la Ley Goldwater-Nichols de 1986, instaurada durante la presidencia de Ronald Reagan, quien al año siguiente se convirtió en el primer presidente en elaborar una ESN. Hasta la fecha, se han publicado diecinueve Estrategias. Este tipo de práctica también es común en otros países como Francia, Alemania y Rusia, cuya última versión es de 2021. No obstante, en América Latina, esta rutina es poco habitual; Brasil es uno de los pocos ejemplos destacados.

Uno de los principales objetivos de estos Informes es informar al Congreso de EE. UU. sobre la visión estratégica que llevará a cabo el ejecutivo. Por lo general, se publican al final del primer año de gestión de cada administración, aunque esta práctica es flexible; por ejemplo, el presidente Joe Biden presentó la ESN a inicios de su segundo año, mientras que Bill Clinton emitió siete ESN durante sus ocho años en el cargo.

La difusión del documento recae en el Departamento de Estado, encargado de la política exterior de EE. UU. Inicialmente, y como parte de la Ley de 1986, se buscaba lograr un mayor control civil sobre lo militar, vinculando el presupuesto con una visión estratégica del sector. Formalmente, los documentos son relativamente breves; la versión comentada tiene 33 páginas, especialmente si se comparan con nuestros cuatro Libros de la Defensa Nacional o la vigente Política de Defensa.

El Consejo de Seguridad es el principal responsable de la elaboración de la ESN, aunque otras agencias gubernamentales suelen colaborar, como se ha señalado que sucedió esta vez. El documento final es firmado por el Presidente, reflejando su carácter político-ideológico, que en ocasiones, como en la situación actual, puede tener un matiz partidista.

Este trabajo recoge la visión presidencial sobre el mundo, así como las amenazas, intereses y prioridades que representa el panorama internacional para EE. UU. Usualmente, se atribuye la redacción final al Consejero de Seguridad Nacional o a una figura cercana al presidente. Un ejemplo es la ESN de la administración anterior de Trump, titulada “Una nueva ESN para una nueva era” de 2017, que se atribuye al Consejero de Seguridad Nacional, el teniente general H. R. McMaster.

El principal destinatario del documento es el Congreso de EE. UU., pero también otras agencias gubernamentales deben alinearse con esta «gran estrategia» para desarrollar sus propios Informes, como la Estrategia Nacional para la Seguridad Interna, la Estrategia para el Combate del Terrorismo y la Estrategia para el Combate de las Armas de Destrucción Masiva. Todas deben estar en consonancia con las directrices establecidas por la ESN.

Adicionalmente, hay destinatarios indirectos, que incluyen a gobiernos de países aliados y rivales.

En cuanto a los contenidos, generalmente se abordan dos grandes objetivos: a) delinear los intereses de EE. UU., y b) analizar las amenazas y objetivos a nivel global. La Ley de 1986 establece que las ESN deben incluir: 1) los intereses y objetivos de la Unión, 2) una descripción de la política exterior y las capacidades de defensa para implementar la estrategia, 3) propuestas específicas a corto y mediano plazo para cumplir los objetivos mencionados, 4) adaptación de las capacidades para ejecutar la estrategia, y 5) información adicional que ayude al Congreso a comprender mejor la estrategia.

Históricamente, no todas las ESN han cumplido con las características estipuladas por la Ley de 1986; incluso algunos especialistas estadounidenses consideran que algunas no reúnen las características de una estrategia específica para la seguridad nacional.

Es evidente que el mayor impacto de las Estrategias se observa en la política exterior y de defensa, especialmente en lo que respecta al gasto y la política de adquisiciones, teniendo una influencia crucial en las decisiones del Departamento de Defensa, hoy conocido como el Departamento de Guerra.

Los temas enfatizados varían entre administraciones; algunas priorizan el poder militar, otras las acciones políticas o diplomáticas, y algunas representan el aislacionismo o el expansionismo estadounidense. El perfil partidario del gobierno, ya sea demócrata o republicano, no resulta determinante respecto a las características de la Estrategia. Un mismo presidente puede destacar distintos aspectos según la coyuntura estratégica global. Un ejemplo de esto es la comparación entre el Informe de la primera administración de Trump (2017-2021) y el actual, lo cual se abordará en la siguiente parte de este artículo.

Finalmente, poco después de la divulgación de la ESN, es habitual que la burocracia estadounidense publique otros documentos relacionados con la Seguridad Nacional, en especial la Estrategia de Defensa Nacional. Con el tiempo, el peso de la ESN ha crecido, particularmente tras los ataques terroristas de septiembre de 2001.

Con Información de elradar.cl