Nuevos informes regionales indican que América Latina se ha posicionado como uno de los principales focos de ransomware a nivel mundial, registrando más de 1,1 millones de intentos de ataque en el último año —lo que equivale a dos incidentes por minuto— y cerca de 300 víctimas de alto perfil cuyos datos fueron expuestos en 2024. Esta tendencia afecta significativamente a gobiernos, fuerzas armadas e infraestructuras críticas.
Los estudios revelan que el ransomware representa aproximadamente el 38 % de los incidentes en ciberseguridad. Este aumento está impulsado por el modelo de Ransomware-as-a-Service, que permite a individuos con poco conocimiento técnico llevar a cabo ataques sofisticados a bajo costo. Los sectores más impactados incluyen telecomunicaciones, energía, banca, salud y servicios públicos, con una creciente presión sobre operadores de infraestructura crítica y entidades gubernamentales, como ministerios de defensa y fuerzas de seguridad.
Chile no es ajeno a esta situación. Además del incremento en fraudes, phishing y ransomware como se detalla en recientes reportes, el Ministerio de Defensa ha llevado a cabo simulacros de ciberataques dirigidos a sistemas de salud y abastecimiento de agua, colaborando con el Ejército, la Universidad Católica y empresas de servicios básicos. Estos ejercicios evalúan la capacidad de respuesta ante un posible colapso masivo en servicios esenciales.
Las consecuencias para el país son evidentes: la distinción entre ciberseguridad civil y militar se vuelve difusa cuando se trata de proteger servicios fundamentales como la electricidad, el agua, las redes de transporte o las comunicaciones. Las Fuerzas Armadas deben prepararse para respaldar la protección de estas infraestructuras, sin reemplazar a los organismos civiles especializados. Además, es crucial que fortalezcan sus propios sistemas de mando, logística y recursos humanos ante riesgos de intrusiones, cifrado malicioso y exfiltración de datos, como ha ocurrido en Colombia.
A corto plazo, se espera un incremento en ejercicios conjuntos de ciberdefensa, el establecimiento de comandos cibernéticos más eficaces y una creciente demanda de soluciones de la industria de defensa —desde SOC avanzados hasta sistemas antidrone y plataformas de monitoreo— que se integren con capacidades civiles. Para Chile, el desafío radica en pasar de respuestas individuales a una estrategia nacional donde Defensa, Interior, Energía, Salud y el sector privado compartan información, estándares y entrenamiento, reconociendo que el “campo de batalla digital” ya ha sido establecido y que la resiliencia es tan crucial como cualquier sistema de armamento.
Con Información de elradar.cl