El Ministerio de Defensa de Chile, en colaboración con la Universidad Finis Terrae, llevó a cabo el taller “SinergIA” en Santiago. Este evento es un paso fundamental para delinear una Política de Inteligencia Artificial enfocada en la Defensa Nacional, que se presentará en 2026, con énfasis en la ética, capacidades estratégicas y tecnologías duales.
La reunión reunió a expertos en defensa, académicos de diversas instituciones, miembros de las Fuerzas Armadas y profesionales de otros ministerios, con el fin de establecer un marco conceptual para la implementación de IA en áreas como inteligencia, vigilancia, reconocimiento, logística y apoyo en la toma de decisiones. Según las autoridades, la IA no es vista como una herramienta aislada, sino como un cambio estructural en la concepción de la guerra y la seguridad, manteniendo un enfoque en el control humano significativo y el respeto al derecho internacional.
El subsecretario de Defensa destacó que la IA “no cambia la naturaleza de la guerra, pero sí transforma su carácter”. Por su parte, la División de Desarrollo Tecnológico e Industria de la Defensa resaltó la naturaleza dual de las tecnologías que se deben desarrollar y la importancia de integrar a la academia, el sector público y la ciudadanía en la creación de una hoja de ruta. El taller trató temas que van desde la prospectiva tecnológica hasta los desafíos éticos que presentan los sistemas autónomos de armas, la transparencia algorítmica y los riesgos de sesgo en decisiones críticas.
Este proceso representa una oportunidad para Chile de articular su ecosistema de ciencia, tecnología e innovación (que incluye universidades, centros espaciales y empresas tecnológicas) con las necesidades concretas de las Fuerzas Armadas y la protección de infraestructuras estratégicas, tanto en el ámbito físico como en el ciberespacio. También implica la necesidad de establecer estándares propios sobre gobernanza algorítmica, interoperabilidad con aliados y protección de datos sensibles, en un contexto de competencia por parte de potencias globales para establecer normas y estándares.
A corto y mediano plazo, se espera que estas reflexiones se traduzcan en programas piloto específicos, como el análisis de imágenes satelitales, apoyo en vigilancia marítima, mantenimiento predictivo o la fusión de datos tácticos, así como en ajustes normativos que respalden la política de IA en defensa. El mayor riesgo es que las intenciones se queden en el ámbito declarativo sin la suficiente asignación de recursos o coordinación, o que se imiten modelos sin considerar las particularidades del entorno chileno. El escenario ideal sería un Chile que se posicione como un referente regional en IA para la defensa responsable, combinando capacidades propias con una red de alianzas tecnológicas a nivel internacional.
Con Información de elradar.cl