El gobierno de EE.UU. ha confirmado ataques contra un muelle en Venezuela, presuntamente usado por lanchas de narcotráfico, y un buque en el Pacífico oriental, como parte de una campaña militar contra el crimen organizado internacional. Estas acciones se enmarcan en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que prioriza el control de flujos ilícitos y recursos vitales en el hemisferio occidental.
Según los informes, el ataque en Venezuela tuvo como objetivo instalaciones portuarias utilizadas para cargar embarcaciones vinculadas a actividades narcotraficantes, y una operación separada en el Pacífico eliminó un buque que aparentemente transportaba drogas hacia Norteamérica. La Casa Blanca presenta estas acciones como parte de una lucha ampliada contra organizaciones criminales que operan como proxies de gobiernos adversos y amenazan la seguridad interna de EE.UU.
Este cambio de enfoque se refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, que redefine la lógica hemisférica como la «Doctrina Donroe», fusionando el antiguo principio de la Doctrina Monroe con una agenda que prioriza minerales críticos, control migratorio y la lucha contra carteles. El resultado es una percepción de América Latina como un espacio de competencia estratégica intensa, donde flujos ilícitos, cadenas de suministro de litio, cobre y tierras raras, junto con la influencia de China y Rusia, forman una red de riesgos compartidos.
Este enfoque tiene consecuencias directas para Chile. Por un lado, la intensificación de operaciones militares estadounidenses en la región —aunque enfocadas en narcotráfico— podría aumentar el riesgo de tensiones diplomáticas que impacten en los foros regionales en los que Chile tiene participación activa. Por otro lado, el énfasis en minerales críticos por parte de EE.UU. coloca a la minería chilena en el corazón de una competencia geopolítica que trasciende lo comercial, lo que podría dar pie a presiones regulatorias y requerimientos de alineación política.
La expansión del poder militar estadounidense en América Latina subraya la necesidad de que Chile desarrolle una visión propia de seguridad regional, encontrando un equilibrio entre la cooperación en la lucha contra el crimen organizado y la defensa de su autonomía estratégica. En el ámbito económico y estratégico, el interés de Washington en minerales críticos ofrece oportunidades para la cooperación en tecnología y defensa en áreas como trazabilidad, ciberseguridad industrial y protección de infraestructuras mineras, pero también requiere una diplomacia hábil hacia China, su principal comprador de cobre y litio.
A corto plazo, es probable que se implemente una combinación de acciones militares específicas y un mayor uso de sanciones y herramientas financieras contra redes involucradas en narcotráfico y comercio ilícito de recursos. Este escenario conlleva riesgos asociados a errores de inteligencia, daños colaterales o reacciones desproporcionadas de actores estatales y no estatales. Para Chile, el desafío radicará en mantener una política de defensa y seguridad que combine cooperación selectiva con EE.UU. en la lucha contra el crimen organizado y la protección de cadenas críticas, evitando quedar atrapado en dinámicas de bloque que puedan limitar su capacidad de maniobra con otros socios fundamentales.
Con Información de elradar.cl