China concluyó dos días de ejercicios militares en torno a Taiwán y, simultáneamente, desplegó por primera vez sus portaaviones Liaoning y Shandong más allá de la Primera Cadena de Islas en el Pacífico occidental. Este movimiento refuerza su mensaje de presión estratégica hacia Taipéi y desafía la presencia naval de Estados Unidos en la región.
Pekín anunció el término “exitoso” de la operación “Justice Mission 2025”, tras dos jornadas de maniobras en aguas cercanas a Taiwán. Estas maniobras se centraron en probar capacidades conjuntas de mando, ataque preciso y bloqueo aeronaval. El Comando del Teatro Este del EPL indicó que los ejercicios tienen como objetivo “frustrar” cualquier avance del independentismo taiwanés y de la “interferencia externa”, en referencia a Washington y sus aliados regionales.
Simultáneamente, la Armada china realizó un despliegue inédito: los grupos de portaaviones Liaoning y Shandong operaron más allá de la Primera Cadena de Islas, demostrando su capacidad de aviación embarcada con cazas J-15, acompañados de destructores y fragatas modernas. Este movimiento evidencia la transición de China hacia una fuerza naval de “aguas azules” con capacidad de proyección de largo alcance, teniendo en vista la Segunda Cadena de Islas y puntos estratégicos como Guam.
Desde Taipéi, el presidente Lai Ching-te reafirmó que 2026 será “un año crucial” para la isla, enfatizando su compromiso de defender la soberanía de Taiwán y presionando al Parlamento, controlado por la oposición, para aprobar un incremento de 40.000 millones de dólares en el presupuesto de defensa, actualmente bloqueado en una disputa político-legislativa.
Desde la perspectiva chilena, el fortalecimiento de la presencia aeronaval china más allá de la Primera Cadena de Islas plantea tres vectores de riesgo y oportunidad:
- Rutas marítimas y comercio: una mayor actividad militar en los puntos de estrangulamiento del Indo-Pacífico incrementa el riesgo en el transporte de contenedores, combustibles y fertilizantes hacia la costa pacífica sudamericana.
- Arquitectura de defensa regional: los aliados de Chile en foros como APEC y los Diálogos de Defensa del Pacífico enfrentarán más presión para alinear sus posiciones con Washington o gestionar equilibrios con Pekín, lo que alterará las alianzas y la cooperación militar en la región.
- Planificación de la Armada y la FAC: el refuerzo del componente aeronaval chino y las tensiones en torno a Taiwán destacan que la estabilidad del Pacífico no está asegurada; es crucial que Chile planifique sus capacidades de vigilancia, reabastecimiento en el mar y participación en ejercicios multinacionales con mayor relevancia estratégica.
A corto plazo, es probable que las incursiones navales y aéreas chinas en torno a Taiwán y el tránsito de portaaviones más allá de la Primera Cadena de Islas se conviertan en la “nueva normalidad” de su presencia militar. En un escenario riesgoso, una crisis accidental —como una colisión de buques, un incidente aéreo o un error de cálculo en un ejercicio— podría desencadenar un enfrentamiento limitado. A mediano plazo, el verdadero punto de inflexión estará en determinar si China puede combinar estos despliegues con capacidades anfibias y misiles de largo alcance que alteren el balance de fuerzas frente a Estados Unidos y sus aliados; para países como Chile, esto requerirá reconsiderar sus estrategias de diversificación comercial y su participación en regímenes de seguridad marítima en el Pacífico.
Con Información de elradar.cl