Presión en el sector energético y controversia sobre la legitimidad de los objetivos establecidos

El 1 de enero de 2026, Rusia y Ucrania se acusaron mutuamente de llevar a cabo ataques con drones que impactaron a civiles y/o infraestructura crítica. Kyiv denunció un uso masivo de drones contra su red energética, mientras que Moscú afirmó que hubo un ataque ucraniano en territorio ocupado. Este suceso es significativo porque consolida el uso de drones como un medio central de coerción estratégica y reduce los márgenes políticos para la negociación.

El intercambio de acusaciones durante los ataques de Año Nuevo evidencia una tendencia a medio plazo: la “industrialización” del dron como munición escalable y persistente, útil tanto para degradar infraestructura crítica como para ejercer presión psicológica y política. Desde la perspectiva rusa, atacar instalaciones de energía y logística busca limitar la resiliencia civil y la capacidad de mantener el esfuerzo bélico; por su parte, Ucrania utiliza drones —incluidas operaciones de largo alcance— para imponer costos, forzar la redistribución de defensas aéreas y afectar la retaguardia. La disputa pública sobre si hubo impactos civiles o si los objetivos eran “energía/instalaciones” también actúa como una guerra de legitimidad, donde cada parte intenta establecer un marco jurídico-moral ante las audiencias internacionales que pueden habilitar ayuda, sanciones o mediación. A la par, la narrativa sobre el “volumen” (oleadas de drones) impulsa una carrera entre la ofensiva saturadora y la defensa aérea en capas, concentrando la innovación en interceptores de bajo costo, guerra electrónica y sensores distribuidos.

Para Chile, las principales lecciones operativas son dos: (1) la protección de infraestructuras críticas (energía, puertos, telecomunicaciones) ante amenazas de saturación de bajo costo; y (2) la defensa aérea y C-UAS como un problema de “masa” (sensores, mando y control, interceptores y guerra electrónica) en lugar de depender de plataformas aisladas. En el ámbito industrial, la tendencia global hacia soluciones C-UAS modulares y municiones merodeadoras ejercerá presión sobre las cadenas de suministro y los presupuestos; Chile deberá evaluar dónde adquirir, dónde integrar y dónde producir o ensamblar localmente para reducir su dependencia en tiempos de crisis.

Es probable que en las próximas semanas se intensifiquen los ataques en oleadas y el enfrentamiento entre contramedidas electrónicas e interceptación “económica”. El riesgo radica en una escalada inadvertida por errores en la identificación de objetivos y el aumento de daños colaterales. Los posibles escenarios incluyen la continuidad de la presión sobre la energía o, en su defecto, una transición parcial hacia objetivos logísticos o puertos si se abre una ventana para negociar.

Con Información de elradar.cl

Advertisement