El debate político se centra en la soberanía, las fronteras y los enemigos visibles. Sin embargo, el verdadero poder penetra a través de la conexión a Internet, sin necesidad de autorización.
La ciberseguridad ha dejado de ser una cuestión técnica y se ha convertido en un tema político crucial, ya que la estabilidad democrática, la confianza del público y la capacidad de gobernar dependen de sistemas digitales que son vulnerables, accesibles y a menudo mal protegidos.
En el actual entorno político, caracterizado por la polarización y la desinformación, la cuestión no es si habrá ataques, sino cuándo sucederán y qué impacto tendrán.
Un primer dato alarmante: la mayor amenaza proviene más a menudo de errores humanos y sistemas obsoletos que de hackers lejanos. La contraseña “admin” sigue siendo una cruda representación de la vulnerabilidad del Estado moderno.
Un segundo dato más preocupante: la ciberseguridad no se logra mediante más control, sino a través de una inteligencia más eficaz. En una era donde todo se graba y se viraliza, la tendencia autoritaria es aumentar la vigilancia, un error clásico. La seguridad digital se basa en la resiliencia, la prevención y la capacidad de respuesta, asumiendo que un ataque es inevitable y preparando el sistema para que no colapse.
Por el contrario, el proceso político tiende a reaccionar de forma tardía, creando comisiones de investigación solo cuando los datos ya han salido a la luz. Las legislaciones se implementan después de los incidentes y no antes de que ocurran, lo que hace que cualquier defensa sea insuficiente.
Además, la desinformación se ha convertido en una herramienta electoral que ensucia el debate público. Este no solo es un problema técnico, sino también ético.
¿Cómo deberíamos encarar la ciberseguridad en este contexto?
Primero, reconocer que la ciberseguridad es una política pública que necesita un presupuesto estable, equipos profesionales bien remunerados y autonomía técnica, y no se puede dejar la defensa de la democracia en manos del proveedor más barato.
Segundo, fomentar la cooperación, ya que ningún Estado puede enfrentar estas amenazas solo. Los ataques no conocen ideologías. Compartir información y buenas prácticas es más provechoso que competir en discursos más agresivos.
En tercer lugar, promover la alfabetización digital entre los ciudadanos. Sin una población informada, la seguridad del sistema es precaria. El votante que reenvía sin pensar también contribuye al problema. La educación lleva tiempo, pero es fundamental para fortalecer el sistema.
Cuarto, se requiere un liderazgo político que comprenda estos temas y escuche a los expertos. La ciberseguridad puede no generar votos immediados, pero su ausencia puede destruirlo todo de un momento a otro.
La ciberseguridad no salvará nuestras democracias, pero sin ella, estas no se sostendrán en el futuro.
La última pregunta no es técnica, sino política: ¿seguiremos improvisando hasta que un ataque nos deje sin opciones, o reconoceremos que el poder actual también se protege con código?
Acerca de Gabriel Bergel
Referente en ciberseguridad en Latinoamérica. Ingeniero en Computación e Informática, con una maestría en Ciberseguridad de la IMF Business School / Universidad Camilo José Cela (España).
Es cofundador y CEO de 8.8 Computer Security Conference, la conferencia más relevante en seguridad informática en Chile y una de las más importantes de la región.
Ha ocupado diversos roles en su trayectoria profesional —como consultor, jefe de proyecto, ingeniero de seguridad y CISO— acumulando más de diez años de experiencia en seguridad de la información.

Columna de Gabriel Bergel, CEO de 8.8 Computer Security Conference
Acerca de 8dot8
8.8 Computer Security Conference es un evento que se enfoca en el aspecto técnico y académico, con el objetivo de compartir información, democratizar el conocimiento y crear comunidad. Es la primera conferencia de su tipo en Chile y una de las más reconocidas en el continente por ir más allá de los aspectos teóricos, en un entorno atractivo y con constantes referencias a la cultura popular. Durante sus 15 años de historia, ha realizado más de 90 eventos de ciberseguridad, con la participación de más de 500 expositores y más de 27 mil asistentes en 8 países, estableciéndose como una plataforma de referencia en el ámbito hispanohablante.
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