Una semana después de la ejecución de la “Operación Resolución Absoluta” en Venezuela, que culminó con la aprehensión del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se encuentra en un momento crítico. El presidente Donald Trump ha dejado claro que la supervisión de Washington sobre el país “podría extenderse por años” y que la reconstrucción se llevará a cabo “de manera rentable”, utilizando el petróleo venezolano como palanca económica.
Esta declaración no solo transforma la relación bilateral, sino que también genera interrogantes sobre la autonomía y el futuro papel de la FANB en un escenario de intervención prolongada, colocándola ante un dilema existencial y en medio de una tormenta geopolítica aparente.
Durante el asalto del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, la reacción de la FANB fue limitada, a pesar de los llamados de Maduro meses antes, donde incluso había ordenado una movilización general. Los vídeos que circulan en redes sociales y las entrevistas realizadas a civiles venezolanos por agencias y medios internacionales sugieren que los pocos sobrevivientes al bombardeo de saturación de los Lockheed Martin F-35 Lightning II sobre las instalaciones y equipos de artillería antiaérea de Fuerte Tiuna, así como otros puntos estratégicos como la Base Aérea Francisco de Miranda (La Carlota), fueron quienes ofrecieron una breve resistencia que fue rápidamente neutralizada por el equipo de cobertura en tierra (presumiblemente 1.er Destacamento Operacional de Fuerzas Especiales-Delta) y desde el aire por los Sikorsky MH-60K Black Hawk del 1.er Batallón, 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (1-160.º SOAR).
Este desempeño refleja el impacto de la crisis económica que Venezuela ha enfrentado durante casi una década, lo que ha llevado a una pérdida de capacidad operativa frente a un adversario tecnológicamente superior.
En este contexto, el futuro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que históricamente ha sido un pilar del chavismo, se enfrenta ahora al dilema de reestructurarse bajo control del Departamento de Guerra de Estados Unidos, y posiblemente asumir un rol simbólico en un nuevo orden político en la Venezuela sometida a la administración Trump.
Antecedentes
Para entender el posible destino de la FANB, es útil considerar precedentes históricos, como las invasiones estadounidenses de Granada (1983) y Panamá (1989): las fuerzas de defensa locales fueron desmanteladas o subordinadas a gobiernos pro-estadounidenses de carácter policial y limitado alcance militar, mientras Washington promovía reformas institucionales y controlaba sectores estratégicos.
En ambos casos, la narrativa de “estabilización” ocultó procesos de dependencia militar y pérdida de soberanía e institucionalidad. Este modelo se repitió en Irak (2003) y Libia (2011), donde las Fuerzas Armadas fueron desintegradas, creando vacíos de poder que resultaron en conflictos prolongados. Si bien Venezuela posee una estructura militar más cohesiva, con raíces que se remontan a principios del siglo XX, y mantiene un componente ideológico pro occidental por su ubicación geográfica, la presión económica y la captura de líderes clave podrían debilitar esa cohesión institucional, conduciendo a una reestructuración hacia una función más policial que de defensa de la soberanía.
Escenarios futuros
– Reestructuración bajo control del Pentágono: Trump ha insinuado durante la semana posterior al ataque que EE. UU. “reconstruirá el país” y controlará el petróleo, lo que podría incluir la reorganización de la FANB para asegurar la estabilidad y cooperación en operaciones antinarcóticos y antisubversivas, tareas comunes en la década de los 90 donde militares venezolanos y estadounidenses colaboraban para combatir estas actividades ilegales.
– Fragmentación y resistencia: Sectores de militares leales al chavismo o de pensamiento Bolivariano (una tradición que se remonta al siglo XIX en Sudamérica) podrían optar por la disidencia o insurgencia, replicando experiencias vistas en Irak tras la disolución de sus Fuerzas Armadas.
– Integración regional: Otra posibilidad es la incorporación de la FANB a esquemas de seguridad hemisférica bajo supervisión de Washington, similar a las existentes en fuerzas de seguridad, defensa y castrenses en Latinoamérica, con el objetivo de debilitar su carácter nacionalista (que se remonta a la Guerra de 1812-1824).
El futuro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana dependerá de su habilidad para adaptarse a un entorno donde la soberanía venezolana se ve influida por intereses geopolíticos y económicos. Los antecedentes históricos indican que, tras intervenciones extranjeras, especialmente estadounidenses, las fuerzas armadas nacionales suelen experimentar dificultades para recuperar plena autonomía.
En este sentido, Venezuela podría enfrentar escenarios semejantes, a menos que logre negociar un balance entre la cooperación internacional y la preservación institucional. Es importante señalar que, sin una solución política negociada, la fragmentación de una Fuerza Armada compuesta por alrededor de un cuarto de millón de efectivos, junto a las milicias, podría llevar a un conflicto prolongado de baja intensidad durante décadas. (Bernardo de la Fuente)
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