Las autoridades de seguridad en Europa están evaluando la actividad de satélites rusos tipo “inspector” (Luch), que han operado cerca de satélites europeos, lo que podría permitir la interceptación de comunicaciones y el mapeo de infraestructuras espaciales críticas.
En este contexto, el objetivo va más allá de solo escuchar: se busca establecer un “orden de batalla” en el espacio, identificando quién utiliza qué recursos, con qué propósito, la ubicación de estaciones terrestres y qué enlaces carecen de cifrado. Todo esto facilita futuras operaciones de interferencia, suplantación, jamming o coerción selectiva. La seguridad, por lo tanto, se desplaza desde el ámbito físico hacia el dominio orbital, transformando la infraestructura crítica en un entorno también satelital. A mediano plazo, esta tendencia plantea una carrera hacia la redundancia (a través de constelaciones), cifrados robustos, y la resiliencia en mando y control, así como el desarrollo de capacidades de “inspección defensiva” en Europa.
Para un país como Chile, que depende de servicios satelitales para comunicaciones, navegación, emergencias y monitoreo, es evidente que la resiliencia espacial es un componente esencial de la seguridad nacional y no simplemente un asunto técnico. Esto incrementa la importancia de establecer acuerdos con aliados para asegurar acceso redundante, fortalecer los enlaces y establecer protocolos que aseguren la continuidad ante posibles interferencias.
A futuro, se anticipan auditorías de cifrado y telemetría, así como decisiones de inversión en resiliencia, en un entorno marcado por la disuasión a través de la transparencia y capacidades defensivas, o la degradación gradual de servicios por “ataques plausiblemente negables”. El verdadero riesgo radica en subestimar la naturaleza híbrida que conecta lo espacial, cibernético y terrestre.
Con Información de elradar.cl