Europa se prepara para una década de intenso rearme aéreo, donde no solo se incrementarán las flotas, sino también los costos de su sostenimiento. Según el informe “Global Military Aircraft Fleet and Sustainment Outlook 2026–2036” de la consultora estratégica Oliver Wyman, el continente será un líder en el aumento del gasto mundial en defensa, actuando como el principal catalizador de la expansión del parque global de aeronaves militares en los próximos diez años.
Se estima que Europa concentrará más de 110.000 millones de dólares en entregas de aeronaves militares entre 2025 y 2032, lo que representa un 20% más que la década pasada. Este crecimiento es impulsado por la necesidad de recapitalizar capacidades, tras años de baja inversión, y por el efecto de la invasión rusa de Ucrania. El estudio anticipa que los presupuestos de defensa europeos aumentarán aproximadamente un 7,8% anual hasta 2035, ascendiendo de unos 571.000 millones a 1,2 billones de dólares, mientras que a nivel global se proyecta un incremento del 6,7% en el mismo periodo.
Este esfuerzo de inversión tendrá un impacto directo en el tamaño y la operación de las flotas. Oliver Wyman estima que el número de aeronaves militares activas en el mundo aumentará de 44.700 al inicio de 2026 a 50.700 en 2036, un crecimiento de alrededor de 6.000 plataformas, respaldado por el impulso europeo, el dinamismo de Oriente Medio y Asia-Pacífico, y la llegada de sistemas no tripulados. La disponibilidad y el tiempo de vuelo incrementados desde 2022 están aumentando la presión sobre los servicios de mantenimiento, reparación y revisión (MRO), cuya demanda se prevé que crezca alrededor del 1% anual en la próxima década, siendo el segmento de motores el principal vector de expansión.
La modernización en Europa se centra en los aviones de combate, con el F-35 como elemento clave en el relevo generacional en 11 fuerzas aéreas del continente, acompañado de nuevas entregas de Eurofighter Typhoon a Alemania, Italia, España y Turquía, así como de Rafale a Francia y Serbia. Simultáneamente, Europa está reforzando su autonomía en capacidades de movilidad y reabastecimiento aéreo con programas como el A330 MRTT y el A400M, mientras se prepara para transitar a sistemas de nueva generación a través del Global Combat Air Programme, el Future Combat Air System y la Next-Generation Rotorcraft Capability. Aunque estos desarrollos no proporcionarán aeronaves operativas hasta, al menos, mediados de la década de 2030, ya competirán en costos con las partidas de adquisición y sostenimiento de flotas en servicio.
Por el contrario, Estados Unidos está adoptando una estrategia más conservadora en compras a corto plazo, priorizando la investigación y desarrollo de capacidades avanzadas. La propuesta de presupuesto para el año fiscal 2026 incluye la adquisición de solo 173 aeronaves, muy por debajo de lo que se ha visto en años anteriores, aprovechando la retirada acelerada de plataformas obsoletas para liberar recursos destinados a programas como el F-47, el MV-75 y las Collaborative Combat Aircraft (CCA). Este enfoque contrasta con el ciclo de recapitalización de Europa, que se centra en aumentar rápidamente tanto el volumen como la disponibilidad de la flota.
Los sistemas no tripulados están surgiendo como uno de los elementos de cambio más significativos de la década. El informe proyecta un crecimiento global del 10% anual en las entregas de grandes sistemas aéreos no tripulados, el ritmo más alto entre todos los segmentos, con un cambio cualitativo esperado hacia finales de los años veinte, a medida que los UAV de combate, incluidas las CCA, ganen predominancia operativa. La expansión de estas plataformas introduce un nuevo modelo de sostenimiento, con ciclos de vida más breves y requerimientos distintos de los de las aeronaves tripuladas, algo que podría modificar el equilibrio entre grandes revisiones y otros tipos de mantenimiento, aunque su efecto real en los costos del ciclo de vida aún necesita validación en servicio.
En contraste, la aviación de ala rotatoria está atravesando una fase de ajuste estructural. Las experiencias recientes en combate han intensificado las dudas sobre la viabilidad de los helicópteros en escenarios sin superioridad aérea, llevando a algunas fuerzas avanzadas a considerar recortes en sus flotas y a transferir ciertas misiones a sistemas no tripulados o a soluciones más rápidas, como los convertiplanos.
Sin embargo, la retirada de plataformas veteranas como el Tornado, el Mirage 2000 o varias aeronaves de diseño soviético no se traduce en una reducción neta de la carga financiera, ya que los ahorros se reinvierten en el sostenimiento de sistemas más complejos, especialmente a medida que la flota de F-35 se expande.
Para la industria, el mensaje es claro: el cuello de botella ya no es solo presupuestario, sino también industrial y de talento. “Europa se adentra en un ciclo de inversión que combina más entregas de aeronaves militares, mayor disponibilidad y crecientes exigencias de sostenimiento en el sector defensa”, resume Carlos García Martín, socio de Transporte y Servicios de Oliver Wyman, quien advierte sobre la necesidad de anticipar la capacidad productiva, los repuestos y el personal técnico necesario para cumplir con los objetivos operativos antes de 2032. En un contexto de tensión geopolítica y rápida transición tecnológica, la lucha por la supremacía aérea se librará tanto en los cielos como en los hangares.
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