Chile realiza modificaciones al Servicio Militar Obligatorio.

Chile ha dado inicio a una nueva etapa en la gestión del Servicio Militar Obligatorio (SMO) para 2026, según lo informado por el Ministerio de Defensa. Este proceso se centra en la sostenibilidad mediante el reclutamiento, incentivos y la disponibilidad de personal.

Entre finales de enero y la primera semana de febrero de 2026, se llevaron a cabo anuncios oficiales y se publicaron reportes que detallan cómo el Gobierno y el Ejército han redefinido el SMO. Se han implementado cambios estructurales para modernizarlo y hacerlo más flexible y atractivo: ahora habrá dos períodos de acuartelamiento al año (en abril y agosto) para facilitar el ingreso de jóvenes y permitir que compatibilicen el servicio con sus proyectos personales o académicos. Además, se incrementarán las remuneraciones de los conscriptos hasta un 75 %, alcanzando montos que oscilan entre $230.000 y $415.000, dependiendo del año y la localidad, como parte de un incentivo económico real. La duración máxima del servicio se mantendrá en dos años, con un primer año enfocado en la instrucción básica y un segundo en el desarrollo de competencias tanto profesionales como académicas. También se reincorpora el “Curso Especial de Instrucción Militar” durante el verano para estudiantes, lo que amplía las oportunidades de participación; además, se establecen convenios y oportunidades de capacitación laboral y técnica (Sofofa, Sence y ChileValora), se mejorará el apoyo en salud, se priorizarán las evaluaciones médicas, se ofrecerán pasajes adicionales para zonas extremas y se fomentará una mejor comunicación con las familias, posicionando al SMO como una experiencia formativa más que un mero deber legal.

Solemos centrarnos en la discusión sobre fuerza, que frecuentemente se enfoca en plataformas, pero la restricción real radica en el capital humano: dotación, formación, retención y especialización. Cualquier ajuste al servicio militar, como este, puede interpretarse como un esfuerzo por cerrar brechas en la atracción de personal y modernizar las trayectorias (empleabilidad, capacitación e incentivos), así como también un mensaje a la sociedad sobre la legitimidad del instrumento militar. En un contexto donde se exige más a las Fuerzas Armadas (fronteras, emergencias, apoyo logístico), la variable del personal puede convertirse en un cuello de botella estratégico.

Si esta medida logra mejorar el reclutamiento y la calidad, fortalecerá capacidades transversales (logística, ingeniería, ciberseguridad, sanidad) y reducirá el riesgo de “sobreuso” de unidades profesionales. Además, puede facilitar una mejor interoperabilidad regional si se estandarizan competencias y certificaciones. Desde una perspectiva presupuestaria, se tendrá que considerar el costo total de la fuerza (personal + operación + mantenimiento) para que la modernización no genere desequilibrios.

Ahora solo queda por ver cómo se implementarán estas medidas y cómo se evaluarán los resultados (postulaciones, deserciones, perfiles). Sin embargo, dado los cambios anunciados, se espera un escenario favorable: un modelo que vincula el servicio, la capacitación y la reserva entrenada con el valor dual de la defensa y la resiliencia.

Con Información de elradar.cl

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