La Comisión Europea ha lanzado un plan de acción para abordar el uso indebido de drones y globos de gran altitud, incorporando estos elementos en el catálogo de amenazas híbridas que afectan la seguridad en Europa. Esta iniciativa tiene como objetivo cubrir las lagunas en vigilancia, regulación y respuesta ante tecnologías de bajo costo pero de alto impacto.
El análisis que fundamenta el plan es claro: la proliferación de plataformas no tripuladas —que van desde microdrones comerciales hasta globos de gran altitud— ha bajado la barrera de entrada para operaciones de inteligencia, sabotaje y presión estratégica. Estos sistemas permiten realizar reconocimientos persistentes, interferir comunicaciones e incluso llevar a cabo ataques cinéticos limitados, todo ello con dificultosa atribución y una mínima huella logística.
La respuesta europea se estructura en cuatro ejes principales. Primero, se busca fortalecer los mecanismos de vigilancia aérea y detección temprana mediante la integración de sensores tanto civiles como militares para mejorar la conciencia situacional en tiempo real. Segundo, se pretende estandarizar el registro e identificación de aeronaves no tripuladas, enfocándose especialmente en la trazabilidad y el control del espacio aéreo a baja y media altura. Tercero, se plantea la institucionalización de ejercicios antidrones periódicos, destinados a probar las capacidades de detección, neutralización y coordinación interagencial. Y cuarto, se propone la protección específica de infraestructuras críticas —como energía, transporte y telecomunicaciones— frente a interferencias aéreas de baja firma.
Un aspecto especialmente delicado es la revisión de marcos normativos para lo que se denomina “drones de confianza”, un concepto que busca certificar plataformas, fabricantes y operadores basándose en criterios de ciberseguridad, integridad de datos y origen tecnológico. Al mismo tiempo, el plan refuerza la cooperación con aliados externos, reconociendo que la amenaza es transnacional y evoluciona más rápidamente que los marcos regulatorios convencionales.
Más allá de lo técnico, la iniciativa de Bruselas indica un cambio doctrinario: los drones y globos dejan de ser vistos como un desafío policial o regulatorio, y comienzan a considerarse como herramientas de guerra híbrida. Esto anticipa una mayor militarización del control del espacio aéreo inferior, así como una convergencia entre seguridad interior, defensa y ciberseguridad, lo que podría tener repercusiones directas en libertades civiles, gobernanza tecnológica y relaciones con proveedores no europeos.
Para Chile, la experiencia de Europa ofrece lecciones valiosas. La creciente dependencia de infraestructuras críticas distribuidas —incluyendo puertos, minería, energía, cables y centros de datos— revela vulnerabilidades similares ante drones comerciales utilizados con fines de inteligencia o sabotaje. La experiencia de la Unión Europea sugiere la necesidad de adoptar un enfoque integrado que combine regulación, capacidades antidrones, ejercicios interagenciales y cooperación internacional, evitando tratar este fenómeno como una mera acumulación de incidentes aislados. En un entorno regional con un bajo nivel tecnológico y alta circulación de sistemas no tripulados, anticipar doctrinalmente podría resultar tan crucial como invertir en hardware.
Con Información de elradar.cl