Las declaraciones recientes del brigadier general Gustavo Valverde, comandante de la Fuerza Aérea Argentina, quien expresó que «Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía» argentina, no deben interpretarse como un hecho aislado, sino como parte de una serie de eventos que en los últimos años han posicionado el extremo austral en el centro de la estrategia argentina.
A la incursión de una aeronave argentina en el espacio aéreo chileno, al incidente de los paneles solares y a otros conflictos fronterizos, se suman las declaraciones del jefe de la Hidrografía Naval argentina sobre la denominada boca oriental del Estrecho de Magallanes y las afirmaciones del general Valverde.
Un aspecto relevante es la evolución del lenguaje utilizado por Argentina. En 2021, el Decreto 457/2021 de Política de Defensa Nacional calificó al Estrecho de Magallanes y al Mar de Hoces como «espacios compartidos» y planteó su «exploración, estudio y control conjunto». Chile rechazó esta formulación y Argentina posteriormente la atribuyó a un error.
Sin embargo, la secuencia conceptual resulta significativa: primero se mencionaron espacios compartidos; después, control conjunto; posteriormente, la referencia a la boca oriental del Estrecho; y ahora aparecen expresiones que hablan directamente de soberanía argentina sobre Magallanes, el Drake y el extremo austral.
En su comunicado reciente, Argentina introduce el concepto de coadministración antártica, argumentando que Chile y Argentina desarrollan mecanismos de coadministración en determinadas zonas antárticas protegidas. Sin embargo, esto no significa jurídicamente que exista una coadministración del Estrecho de Magallanes, ya que son situaciones completamente diferentes sometidas a regímenes jurídicos distintos. Argentina reafirma expresamente la vigencia de los tratados de 1881 y 1984.
No obstante, es importante distinguir entre la situación jurídica y la evolución del discurso estratégico. La reiteración de estos conceptos permite formular una hipótesis: en determinados sectores del alto mando argentino podría estarse instalando progresivamente la idea de que estos espacios australes no deberían considerarse exclusivamente desde una perspectiva jurídica ya resuelta, sino como ámbitos de interés estratégico cuya condición, participación o control puede ser objeto de discusión política y militar.
No existe evidencia suficiente para afirmar que hoy existe una doctrina oficial argentina que desconozca la soberanía chilena. Lo que sí se observa es una convergencia discursiva entre autoridades militares argentinas que ya no parece casual, especialmente en un momento en que el extremo austral recupera importancia estratégica para Argentina debido al Atlántico Sur, las rutas interoceánicas, la Antártica, los recursos naturales y la cuestión de las Malvinas.
Por eso, quizás el problema no sea que Argentina esté modificando actualmente los tratados, sino que podría estar modificándose progresivamente la manera en que sectores de su establishment estratégico interpretan esos territorios. Esa es la verdadera señal de alerta para Chile.
Una controversia territorial no comienza necesariamente cuando un Estado modifica jurídicamente su posición. Frecuentemente comienza mucho antes: cuando comienza a cambiar el lenguaje, cuando una posición anteriormente marginal comienza a repetirse y, finalmente, cuando esa posición empieza a ser presentada como algo normal dentro del discurso estratégico nacional. Eso es precisamente lo que debe observarse hoy en el extremo austral.
Con Información de latrinchera.cl
