El avance de los pagos digitales permite que las empresas hagan más ágiles sus procesos de cobranza y recaudación, pero al mismo tiempo amplía la superficie de riesgo. De acuerdo con el Banco Central, hoy se registran 435 pagos digitales anuales por persona mayor de 15 años, mientras que las transferencias electrónicas crecieron 15%. A esto se agrega un aumento de las tasas de fraude desde 2024, especialmente en tarjetas de débito.
Frente a este panorama, las compañías están dejando atrás una lógica reactiva y avanzando hacia modelos de prevención que integran tecnología, información y capacitación. Para Rodrigo Cornejo, socio de Otrospagos.com, hay cinco medidas esenciales para disminuir la exposición al fraude:
1. Monitorear las operaciones en tiempo real
La vigilancia constante ayuda a detectar conductas que se apartan de los patrones habituales y a intervenir antes de que una transacción sospechosa cause perjuicios. Las alertas por montos inusuales, varias operaciones en poco tiempo o cambios en los patrones de pago permiten identificar riesgos de manera temprana.
2. Reforzar los mecanismos de autenticación
Verificar la identidad de quien realiza una operación es una de las primeras barreras contra el fraude. Las empresas pueden sumar distintos niveles de validación según el tipo de transacción y su nivel de riesgo, para evitar que una sola medida de seguridad sea el único mecanismo de protección.
3. Analizar patrones y detectar operaciones sospechosas
Ya no basta con saber que una transacción se procesó correctamente. También se deben analizar variables como el monto, la frecuencia, el origen y el comportamiento histórico. Esta información permite identificar desviaciones y diferenciar una operación habitual de otra que podría necesitar una revisión adicional.
4. Capacitar a los equipos
La prevención no depende solo de la tecnología. Los trabajadores que participan en procesos de cobranza, recaudación y atención también deben conocer las principales señales de alerta y saber cómo actuar ante una operación sospechosa. La capacitación ayuda a reducir errores y a mejorar los tiempos de respuesta.
5. Actualizar periódicamente los protocolos de seguridad
Las modalidades de fraude evolucionan junto con las nuevas formas de pago. Por eso, los controles no pueden permanecer estáticos. Las empresas deben revisar sus protocolos de forma periódica, incorporar nuevas herramientas y ajustar sus procedimientos según los riesgos que vayan surgiendo.
“El principal cambio es pasar de mirar el fraude como un problema que se resuelve después de que ocurre, a entenderlo como un riesgo que se puede gestionar desde el proceso de pago. Para eso se necesita información, trazabilidad y capacidad de reaccionar rápidamente ante una señal de alerta”, explica el gerente comercial y socio de Otrospagos.com.
En este contexto, la trazabilidad cobra cada vez más importancia. Identificar quién hizo el pago, desde dónde, por qué monto, a qué obligación corresponde y si ese comportamiento coincide con su historial permite que las empresas cuenten con más información para prevenir operaciones irregulares.
Así, el desafío que plantea la expansión de los pagos digitales no es solo procesar transacciones de manera rápida y eficiente, sino también disponer de sistemas capaces de identificar riesgos antes de que el fraude se concrete.
Con Información de revistaseguridad.cl
