El teléfono móvil concentra hoy buena parte de lo que define a una persona: su identidad, sus comunicaciones y su información privada. Contar únicamente con el número de alguien no permite afirmar que exista espionaje ni que su terminal haya sido vulnerado. Aun así, ese dato puede funcionar como la primera pieza de una cadena informativa capaz de conectar a un individuo con el cargo que desempeña, la organización a la que pertenece y sus contactos y, en ciertos casos, con sus comunicaciones.
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