La videovigilancia se ha convertido en uno de los pilares tecnológicos de la seguridad moderna, impulsada por el avance de la inteligencia artificial, el análisis de video, las cámaras IP y una demanda creciente de protección. Un nuevo informe de Grand View Research proyecta que el mercado global del sector llegará a los US$204.700 millones en 2033.
Los sistemas de videovigilancia ya no se limitan a registrar imágenes. El progreso tecnológico ha transformado las cámaras en sensores inteligentes, capaces de detectar comportamientos, identificar situaciones de riesgo, generar alertas y entregar información útil para la toma de decisiones.
Las cifras del mercado mundial reflejan este cambio. Según el más reciente informe de Grand View Research, el mercado global de videovigilancia fue valorado en US$83.500 millones durante 2025 y se estima que alcance los US$94.100 millones en 2026. La consultora proyecta que el sector llegará a aproximadamente US$204.700 millones en 2033, lo que equivale a una tasa de crecimiento anual compuesto de 11,7% entre 2026 y 2033.
Estas magnitudes confirman que la videovigilancia atraviesa una etapa de expansión estructural, impulsada no solo por la necesidad tradicional de proteger instalaciones, sino también por nuevas aplicaciones vinculadas a ciudades inteligentes, infraestructura crítica, transporte, comercio, industria y seguridad pública.
Uno de los principales cambios que experimenta la industria es el tránsito desde una videovigilancia basada exclusivamente en hardware hacia soluciones capaces de interpretar automáticamente lo que ocurre frente a una cámara.
La inteligencia artificial y el aprendizaje profundo están ampliando la capacidad de los sistemas para detectar eventos y amenazas con mayor rapidez. Grand View Research identifica justamente los avances en inteligencia artificial y deep learning entre los factores que impulsan la expansión del mercado.
En consecuencia, el valor de una cámara ya no depende únicamente de su resolución, su alcance o su capacidad de grabación. Cobran cada vez más peso sus funciones de análisis, integración, conectividad y generación de información útil.
En otros términos, la industria está pasando de “ver y grabar” a “detectar, analizar y responder”.
A pesar del fuerte crecimiento del software y de la analítica, el hardware sigue concentrando la mayor parte del mercado. Según Grand View Research, el segmento de hardware reunió más del 71,5% de los ingresos mundiales durante 2025. Ese ecosistema incluye cámaras, grabadores y otros componentes esenciales para desplegar sistemas de videovigilancia.
Sin embargo, la evolución tecnológica está modificando de manera progresiva la relación entre hardware y software. Las cámaras actuales incorporan capacidades de procesamiento y análisis que antes dependían de servidores externos o de centros de monitoreo.
Esta tendencia abre un nuevo escenario para integradores, fabricantes y empresas de seguridad electrónica: la competencia ya no se restringe a la venta de dispositivos, sino que se orienta hacia la capacidad de ofrecer soluciones completas de seguridad basadas en datos.
Otro dato relevante del estudio es el liderazgo de los sistemas de videovigilancia IP, que aportaron más del 55,7% de los ingresos del mercado en 2025.
La difusión de las cámaras IP permite integrar video, redes, almacenamiento, inteligencia artificial, plataformas cloud y sistemas de gestión en arquitecturas cada vez más complejas.
Esa convergencia tecnológica resulta especialmente significativa para ciudades y organizaciones que deben administrar grandes cantidades de cámaras distribuidas geográficamente. El reto ya no consiste solo en instalar más cámaras, sino en integrar miles de dispositivos y transformar sus imágenes en información operacional.
Desde el punto de vista geográfico, Asia Pacífico fue la principal región del mercado mundial durante 2025, con cerca del 36,2% de los ingresos. China, además, se ubicó en el primer lugar entre los mercados nacionales.
El liderazgo asiático refleja la magnitud de las inversiones en infraestructura, ciudades inteligentes, transporte, seguridad pública y tecnologías de monitoreo. No obstante, la tendencia tiene alcance global: el crecimiento de la videovigilancia es empujado por una combinación de factores que incluye mayores exigencias de seguridad, digitalización de infraestructura, reducción de costos tecnológicos y nuevas aplicaciones basadas en inteligencia artificial.
El crecimiento de la videovigilancia también debe analizarse junto con la expansión específica de la inteligencia artificial aplicada al sector. Grand View Research estima que el mercado mundial de inteligencia artificial en videovigilancia pasará de aproximadamente US$8.300 millones en 2026 a US$33.800 millones en 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesto de 22,3%.
La diferencia entre ambos ritmos es notable: mientras el mercado general de videovigilancia crecería 11,7% anual, el segmento asociado específicamente a la inteligencia artificial avanzaría prácticamente al doble. Ello permite anticipar hacia dónde se está moviendo la industria.
La próxima generación de sistemas de seguridad estará cada vez menos centrada en almacenar imágenes y más orientada a interpretarlas en tiempo real.
Para Chile, estas tendencias tienen especial relevancia en un contexto en el que municipios, empresas, centros comerciales, industrias, condominios y organismos públicos están aumentando sus inversiones en cámaras y sistemas de monitoreo.
El desafío no consiste únicamente en elevar la cantidad de cámaras instaladas. Una red de cientos o miles de dispositivos puede producir volúmenes enormes de información, difíciles de supervisar solo mediante operadores humanos. Por eso, la incorporación de analítica de video e inteligencia artificial puede convertirse en un elemento decisivo para detectar situaciones anómalas, priorizar eventos y mejorar los tiempos de respuesta.
En este escenario, conceptos como analítica de video, reconocimiento de patrones, inteligencia artificial, integración de sistemas, almacenamiento en la nube, ciberseguridad y plataformas de gestión adquieren una importancia creciente.
La discusión, por tanto, empieza a cambiar: ya no se trata solo de preguntar cuántas cámaras tiene una ciudad, sino qué información es capaz de obtener de ellas y cómo la utiliza para prevenir y responder ante amenazas.
Las proyecciones de Grand View Research entregan una señal contundente para la industria. Si el mercado mundial pasa de US$83.500 millones en 2025 a US$204.700 millones en 2033, prácticamente multiplicará por 2,5 su tamaño durante el período proyectado.
Detrás de ese crecimiento existe una transformación profunda de la seguridad electrónica. La cámara dejó de ser simplemente un dispositivo que registra imágenes y hoy comienza a convertirse en un nodo inteligente dentro de una arquitectura tecnológica de seguridad, capaz de interactuar con plataformas, sensores, sistemas de control de acceso, centros de monitoreo, inteligencia artificial y otras fuentes de información.
Para fabricantes, integradores, empresas de seguridad, municipios y organismos públicos, esta evolución abre enormes oportunidades, pero también plantea una pregunta fundamental.
Con Información de revistaseguridad.cl
