domingo, 11 de octubre de 2026
Defensa

APS deja de ser la última respuesta

La guerra en Ucrania está dejando lecciones valiosas sobre el combate terrestre moderno. Uno de los temas que merece atención es el desempeño de los sistemas de protección activa (APS, Active Protection System) y su uso cada vez más frecuente contra drones.

Tras observar cómo todo tipo de vehículos blindados se han convertido en blancos de drones FPV y de otras municiones merodeadoras, son muchos los que desearían ver a los Leopard 2A4 de Chile equipados con sistemas APS capaces de enfrentarse a amenazas aéreas de corto alcance. Sin embargo, existe una restricción que suele quedar al margen del debate: un sistema de protección activa sólo resulta eficaz mientras disponga de contramedidas suficientes para responder a los ataques.

Un episodio reciente atribuido al conflicto ucraniano ilustra bien esta situación. De acuerdo con información difundida desde Ucrania, un tanque ruso de la familia T provisto del nuevo sistema Arena-M habría enfrentado una serie de ataques de drones ucranianos. El sistema habría logrado interceptar doce de estas aeronaves, aunque el blindado terminó siendo alcanzado por los ataques posteriores, una vez agotadas las contramedidas disponibles. Más allá de las circunstancias particulares del caso, el suceso evidencia un problema claro: incluso un sistema de protección activa eficaz puede resultar saturado.

Arena-M figura precisamente entre los APS que cuentan con una cantidad importante de contramedidas, al igual que StrikeShield. Otros sistemas presentan una capacidad más reducida: AKKOR dispone de cuatro efectores, Iron Fist emplea una configuración igualmente limitada por el número de cargas disponibles, y el GL-6 chino puede llegar a ocho en determinadas configuraciones. Por ello, dotar a un APS de capacidad antidrón es relevante, pero difícilmente puede considerarse una respuesta suficiente frente a ataques sucesivos o coordinados con numerosos drones.

En consecuencia, la protección de una unidad blindada debería concebirse mediante distintas capas. El APS constituye la última barrera en torno al vehículo, mientras que otras capacidades deben encargarse de detectar y destruir los drones antes de que alcancen esa distancia. Para lograrlo se requieren sistemas capaces de acompañar a las unidades mecanizadas, operar durante períodos prolongados y contar con munición relativamente económica y abundante.

El costo por intercepción adquiere aquí una relevancia considerable. Recurrir a misiles contra drones FPV baratos es difícil de sostener cuando el adversario puede lanzar grandes cantidades. Los cohetes guiados de 70 mm podrían cubrir ciertos escenarios, pero una alternativa especialmente atractiva para la defensa cercana son los sistemas antiaéreos autopropulsados SPAAG (Self-Propelled Anti-Aircraft Gun), armados con cañones de 25, 30 o 35 mm y munición programable. Montados sobre plataformas de ruedas u orugas, estos vehículos podrían acompañar el avance de las unidades blindadas y ofrecer una primera capa de defensa contra drones y otras amenazas aéreas de baja cota.

A esta arquitectura pueden sumarse los drones interceptores, una tecnología en rápida evolución. Ucrania ya emplea soluciones de este tipo, que van desde diseños relativamente sencillos y de bajo costo hasta sistemas específicamente desarrollados para interceptar otros vehículos no tripulados. Entre los ejemplos figuran Sting, el Terra A1 —desarrollado con participación ucraniana y japonesa— y propuestas estadounidenses como Powerus Guardian. Su atractivo radica en la posibilidad de contar con interceptores numerosos cuyo costo resulte razonable frente al valor del objetivo que deben proteger.

Para Chile, este ámbito podría representar, además, una oportunidad industrial. Determinados drones interceptores y algunos de sus componentes podrían fabricarse eventualmente en el país, incluidas estructuras producidas mediante impresión 3D. La combinación de SPAAG, guerra electrónica, drones interceptores y APS permitiría levantar una defensa escalonada en torno a las unidades blindadas, reservando las contramedidas del sistema de protección activa para las amenazas que logren atravesar las capas exteriores.

Sería deseable que los Leopard 2A4 y los Leopard 1V del Ejército de Chile recibieran sistemas APS. No obstante, incluso si ello no se concreta en el corto plazo, existen medidas que pueden estudiarse. FAMAE podría tener un papel en el desarrollo e integración de soluciones nacionales de protección, desde blindajes de rejas o slat armor y estructuras tipo cope cage, hasta sistemas contra drones y otros elementos destinados a mejorar la supervivencia de los vehículos.

La experiencia ucraniana está demostrando que ningún sistema individual garantiza por sí solo la supervivencia de un tanque. Frente a drones baratos, numerosos y capaces de atacar desde distintas direcciones, la respuesta más razonable parece ser una defensa por capas que combine detección, guerra electrónica, fuego antiaéreo, interceptores no tripulados y protección activa en el propio vehículo. El APS continúa siendo una pieza importante, pero su verdadera utilidad aumenta cuando forma parte de un sistema de protección más amplio.

Por king kasma

Con Información de latrinchera.cl

Editor

Redacción.

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