BioFirma es una plataforma de software privada que emplea Inteligencia Artificial para validar identidades y prevenir fraudes. Notarías, bancos y empresas en Chile la utilizan de manera amplia con el objetivo de resguardar la fe pública y comprobar, ya sea de forma remota o presencial, que una persona es efectivamente quien dice ser.
A diferencia de los sistemas antiguos, que se limitaban a leer huellas dactilares mediante un dispositivo físico (POS), BioFirma funciona como una capa de seguridad digital capaz de operar en múltiples dispositivos, como computadores, tablets y teléfonos celulares.
Aunque el sistema cumple con altos estándares de ciberseguridad, utiliza encriptación AES-256 y se ajusta a la normativa de protección de datos, entre ellas la Ley 19.628, su eficacia depende de que los operadores ingresen correctamente la información.
En el caso del fraude contra BancoEstado, la investigación estableció que los delincuentes presentaron una cédula de identidad física falsificada, pero idéntica al documento original, logrando sortear en un primer momento el filtro visual humano de las dependencias, hasta que la notaría, al descubrirse el engaño, dio de baja el mandato electrónico.
El intento de fraude millonario contra BancoEstado deja profundas enseñanzas sobre la seguridad de los trámites públicos en Chile. El caso evidencia que, pese al avance de la tecnología, los estafadores buscan de manera activa «puntos ciegos» donde los controles digitales fallan o donde la supervisión humana se vuelve vulnerable.
Las principales lecciones que deja este caso son:
1. La biometría es un «nombre de usuario», no una contraseña infalible
Los sistemas modernos de validación biométrica son altamente eficaces, pero este caso deja en claro que ningún software, por sí solo, es 100% inquebrantable. Si la cédula física utilizada presenta una falsificación de nivel experto capaz de burlar el escáner visual, o si existe una falla en los protocolos de enrolamiento, la tecnología puede verse comprometida. La biometría debe entenderse como un mecanismo de identificación fuerte, que sin embargo requiere capas secundarias de confirmación cuando están en juego sumas millonarias.
2. El peligro del «exceso de confianza» en la automatización
Una de las mayores debilidades en materia de seguridad es la complacencia. Cuando los operadores de una notaría o institución asumen que una plataforma digital como BioFirma se encargará de todo el trabajo de control, tienden a relajar la fiscalización humana. La lección clave es que la tecnología debe complementar, nunca reemplazar, la rigurosidad crítica del ministro de fe. Un examen visual y táctil exhaustivo del documento sigue siendo vital.
3. La urgencia de la «Verificación en Dos Pasos» para altos cargos
Los delincuentes suplantaron nada menos que a la Gerenta General Ejecutiva de BancoEstado. El diseño del sistema notarial actual supone que cualquier persona puede acudir a una notaría con su carnet para otorgar un poder. La lección es que los trámites que involucran corporaciones estratégicas, instituciones públicas o grandes sumas de dinero deberían contemplar un protocolo de confirmación por un segundo canal. Si un alto ejecutivo de una empresa del Estado firma un mandato judicial masivo, la notaría debería estar obligada a cruzar una confirmación con los canales corporativos oficiales de la firma o revisar los registros públicos de representación antes de visar el documento.
4. La resiliencia corporativa: el valor del «Filtro Humano Cruzado»
El aspecto positivo de esta crisis fue el actuar del Poder Judicial. El fraude no fracasó en la notaría, donde el mandato alcanzó a emitirse, sino en la cautela del secretario judicial subrogante, quien decidió llamar al ejecutivo bancario asignado antes de liberar el vale vista de $341 millones. Esto demuestra que la última línea de defensa frente a un fraude legal sofisticado suele ser el factor humano y los canales institucionales cruzados.
5. La necesidad de una trazabilidad y revocación inmediata
La única defensa efectiva con que contó la notaría al percatarse del engaño fue que el sistema informático le permitió dar de baja la firma electrónica del mandato de forma inmediata. Esto deja como enseñanza que los documentos públicos digitales deben contar con herramientas ágiles de trazabilidad y de bloqueo preventivo descentralizado en tiempo real, para impedir que una escritura fraudulenta siga surtiendo efectos en otros tribunales o notarías del país.
Con Información de revistaseguridad.cl
