En los últimos tiempos, la guerra en Ucrania ha impartido una lección evidente en el ámbito militar: los vehículos aéreos no tripulados (UAV) han dejado de ser considerados como un recurso opcional para convertirse en una pieza fundamental en cualquier conflicto moderno. Las imágenes de drones operando en el frente —ofreciendo vigilancia en tiempo real, atacando objetivos con precisión quirúrgica y permitiendo que fuerzas reducidas se enfrenten a adversarios tecnológicamente superiores— han puesto de manifiesto su valor estratégico indiscutible. No obstante, a pesar de esta claridad, España sigue relegando a los UAV a un papel secundario en sus presupuestos de defensa.