El conflicto entre Rusia y Ucrania está impulsando múltiples transformaciones en Occidente, afectando sus Fuerzas Armadas (FAS), las relaciones inter estatales, la preparación necesaria para la guerra en general y la implementación de medidas que deben acompañar a la Defensa Militar. También ha propiciado un cambio en la mentalidad de la población, fomentando un sentimiento de necesidad de autodefensa. Asimismo, ha evidenciado la escasez de capacidades militares, así como la falta de stocks de armamento y equipos esenciales, la rapidez con que se consumen estos recursos en una guerra activa y las dificultades que conlleva su reposición.