El fin de semana pasado y el lunes, se llevó a cabo en la ciudad portuaria china de Tianjin, al sureste de Pekín, la 25ª cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Este evento contó con la participación de sus 10 miembros permanentes: China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Pakistán, Irán y Bielorrusia, además de 16 países o socios de diálogo, como Arabia Saudí, Myanmar, Turquía y Egipto. Estos países representan el 42% de la población mundial, el 25% del PIB y abarcan el 80% de la extensión de Eurasia.
También asistieron a la cumbre el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, y el de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Kao Kim Hourn. El presidente chino, Xi Jinping, instó a la OCS a defender un sistema de gobernanza global más justo y razonable, así como un sistema multilateral de comercio con la OMC como «eje central». Además, afirmó que la organización debe abogar por un orden mundial «equitativo y ordenado».
La OCS es una organización intergubernamental fundada en 2001 por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, con el propósito de combatir el terrorismo y mejorar la seguridad fronteriza. La OCS se presenta como la voz del Sur Global, una plataforma que une a potencias emergentes bajo el principio de soberanía nacional frente a lo que consideran «injerencias» occidentales.
La actual situación geopolítica internacional es notablemente diferente a la de hace solo una década, cuando Estados Unidos dominaba como superpotencia y modelo del mundo occidental democrático, caracterizado por la formación de alianzas y tratados en política, economía y seguridad, especialmente en escenarios multinacionales y multilaterales. Hoy en día, tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, Estados Unidos está actuando unilateralmente, implementando una política exterior agresiva de aranceles que perjudica más a sus socios y aliados que a sus adversarios.
Mientras tanto, la política exterior de China se posiciona como una superpotencia que promueve organizaciones y acuerdos internacionales como la Asociación Económica Regional (RCEP), la OCS y los BRICS, siempre bajo la tutela de la ONU, además de participar en negociaciones y pactos con numerosos países. Su iniciativa estratégica Belt and Road Initiative ha establecido diálogos con más de 150 países, planteando así una visión alternativa del orden internacional.
Zbigniew Brzezinski, en su libro titulado El gran tablero mundial (1998), afirmaba que «el objetivo último de la política estadounidense debería ser benéfico y visionario: dar forma a una comunidad global verdaderamente cooperativa, acorde con unas orientaciones de largo alcance y los intereses fundamentales de la humanidad. Mientras tanto, empero, es esencial que no surja ningún aspirante al poder euroasiático capaz de dominar Eurasia y, por tanto, desafiar a Estados Unidos.»
No hay duda de que está emergiendo un poder terrestre euroasiático con la capacidad de rivalizar con Estados Unidos como potencia marítima. Aunque este poder inicialmente se materializó a través de la asociación estratégica entre China y Rusia como líderes del bloque euroasiático, tras esta Cumbre de la OCS en Tianjin, todos los indicios sugieren que India se unirá a ese liderazgo terrestre. Esto representa un contraste entre el poder del Mundo Isla de Mackinder y el mundo marítimo, constituyendo una de las alianzas más amenazadoras para Estados Unidos y Occidente.
La Declaración de Tianjin, firmada por todos los líderes de los países miembros de la OCS, enfatiza la aspiración hacia un orden mundial multipolar basado en el derecho internacional, así como el papel central de las Naciones Unidas, expresando preocupación por los conflictos internacionales actuales y haciendo un llamado a su solución pacífica. Asimismo, se ha condenado la crisis humanitaria en Gaza y la política arancelaria de Trump, aunque no se hace referencia a la guerra en Ucrania, a pesar de que se mencionó en varias ocasiones durante la cumbre.
En dicha Declaración también se destaca el compromiso de formar un orden mundial más representativo, democrático, justo y multipolar, basado en los principios del derecho internacional y en el papel central de la coordinación de las Naciones Unidas. Asimismo, se recalca la necesidad de reformar la ONU para reflejar las realidades modernas y garantizar la representación de los países en desarrollo.
En el encuentro bilateral entre Antonio Guterres y Xi Jinping, el presidente chino indicó que la historia deja claro que el multilateralismo, la solidaridad y la cooperación son la manera adecuada de enfrentar los desafíos globales. Aumentando esta afirmación, el dirigente chino añadió que la creación de la ONU hace 80 años fue la decisión más crucial tomada por la comunidad internacional tras la Segunda Guerra Mundial.
Un aspecto significativo de esta Cumbre, a nivel geoestratégico, ha sido el cambio en la postura de India, evidenciando su compromiso de fortalecer lazos con China basados en la confianza mutua, la dignidad y la sensibilidad, según lo expresado por el primer ministro indio, Narendra Modi. Esto confirma el establecimiento de relaciones normales entre ambos países tras el conflicto fronterizo de 2020, que dejó víctimas mortales.
Este cambio en la posición de India se atribuye en gran medida a la agresiva política exterior de Trump, especialmente en sus medidas arancelarias, donde India obtuvo un 50% de sus importaciones a Estados Unidos, siendo el país más afectado junto a Brasil en represalia por la compra de petróleo ruso por parte de China. En contraste, la política de Xi Jinping es estable, pragmática, y busca más aliados que rivales, instando a los miembros de la OCS a derribar muros en lugar de construirlos.
El presidente ruso, Vladimir Putin, también brilló en la Cumbre, agradeciendo a China e India por sus esfuerzos por poner fin a la guerra en Ucrania, y reiterando que el conflicto se originó por los intentos de Occidente de incorporar a Ucrania en la OTAN.
Es fundamental resaltar el papel de la OCS en el nuevo panorama geopolítico, reafirmando y aceptando el rol de la ONU, que presenta a Eurasia unida, en contraste con un Occidente fragmentado, en gran parte debido a la errática política de Trump. Sin embargo, es cierto que existen intereses encontrados entre algunos de sus miembros, como entre India y Pakistán, entre China y Rusia, o entre China e India.
En resumen, la Cumbre de Tianjin ha representado un gran éxito para Xi Jinping en su confrontación geopolítica con Estados Unidos. La imagen de los líderes de las tres grandes potencias asiáticas reunidos como defensores de un orden multipolar, mostrando una estrecha unión y complicidad, ilumina el inicio de un nuevo equilibrio geopolítico donde la OCS, que también busca presentarse como la voz del Sur Global, concentra el poder y desafía la hegemonía occidental. (GD (R) Jesús Argumosa Pila)
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