El Sahel representa una franja vulnerable y estratégica, tanto en términos ecológicos como humanos: un límite dinámico entre el desierto y la sabana, caracterizado por importantes desafíos ambientales y sociales que están generando la ambición y el interés de potencias como Rusia y China, las cuales buscan fortalecer su influencia en esta vital región de África, atraídas por sus recursos naturales y las oportunidades que surgen de su constante inestabilidad política. Sin embargo, este interés se manifiesta de una manera más sutil en comparación con las tácticas utilizadas en un pasado más reciente por diversas empresas europeas, bajo el respaldo gubernamental, especialmente francesas.