Al entrar en el segundo cuarto del siglo XXI, la sensación general frente a los fenómenos políticos, sociales y geoestratégicos que estamos experimentando es que estamos ante un cambio de era, más que un simple ciclo. Esta transformación histórica impactará de manera desigual en el mundo, y la percepción es que Europa, especialmente los países del Sur, estará entre los más afectados, llevándose la peor parte.