Europa acelera su rearme, pero continúa arrastrando una dependencia tecnológica que condiciona la autonomía real de sus sistemas de defensa. Uno de los puntos clave son los drones: aunque se ensamblen en Europa, muchos siguen incorporando circuitos, sensores y sistemas de puntería sujetos a la jurisdicción estadounidense a través del Reglamento sobre el Tráfico Internacional de Armas (ITAR).
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