La comunicación suele darse por sentada hasta que una emergencia la interrumpe. Llamar o enviar un mensaje desde el celular es un gesto cotidiano, pero cuando un desastre afecta las redes, contar con un medio confiable puede marcar la diferencia, siempre que el equipo esté operativo y se sepa utilizarlo.
Latinoamérica ha experimentado los efectos de terremotos, tsunamis, incendios forestales e inundaciones. Estas catástrofes han demostrado que la comunicación resulta esencial para coordinar respuestas, proteger vidas y sostener operaciones críticas.
Durante décadas, la telefonía satelital ha permitido comunicarse desde zonas remotas o golpeadas por la interrupción de las redes terrestres. En la actualidad, tecnologías como Direct to Cell, que conectan teléfonos convencionales directamente con satélites, amplían las posibilidades de conectividad fuera de la cobertura terrestre.
Sin embargo, conviene distinguir entre una alternativa de conectividad y un sistema concebido para sostener comunicaciones satelitales de voz y mensajería cuando las redes convencionales no están disponibles. Los teléfonos satelitales operan sobre redes especializadas, independientes de la infraestructura celular local y de la compatibilidad de los smartphones con los servicios Direct to Cell. Ambas tecnologías son complementarias y ofrecen capacidades distintas.
En comunicaciones críticas no se trata solo de ampliar la cobertura, sino de disponer de medios adecuados, independientes y preparados para responder cuando más se necesitan. Por eso, las organizaciones deben planificar sus comunicaciones para distintos escenarios de contingencia y evitar depender de una sola tecnología.
Pero contar con un teléfono satelital no garantiza estar preparado. Las baterías pierden capacidad, los cables pueden dañarse, las configuraciones fallar y los servicios vencer. También puede ocurrir que falten minutos disponibles o que el usuario haya olvidado cómo realizar una llamada. Estos problemas, fáciles de pasar por alto en condiciones normales, pueden volverse críticos durante una emergencia.
En una localidad aislada, con caminos interrumpidos y sin señal celular, una llamada permite solicitar ayuda, coordinar rescates o transmitir información clave. Descubrir en ese momento que el equipo no funciona es un riesgo que puede evitarse mediante pruebas periódicas.
Se recomienda establecer revisiones cada uno, dos o tres meses, según las indicaciones del fabricante y las necesidades de cada organización. Es fundamental comprobar la batería, revisar los accesorios, verificar la vigencia del servicio y realizar llamadas de prueba. Asimismo, quienes deban utilizar estos equipos necesitan conocer su funcionamiento y saber cómo actuar ante una emergencia.
Las revisiones deben quedar registradas y las fallas corregirse oportunamente. Las pruebas deben realizarse de manera responsable, con contactos autorizados y sin recurrir innecesariamente a los servicios de emergencia.
La tecnología satelital seguirá evolucionando y ofreciendo nuevas posibilidades, pero la innovación no reemplaza la preparación ni la necesidad de sistemas especializados cuando una interrupción puede comprometer la seguridad de las personas o la continuidad de servicios esenciales.
Detrás de cada comunicación hay personas: alguien que necesita ayuda, un trabajador que informa sobre un riesgo o una familia que espera noticias de sus seres queridos. Una comunicación oportuna permite actuar a tiempo y entregar tranquilidad.
Las emergencias no avisan cuándo ocurrirán y, cuando llegan, no hay tiempo para improvisar. Probar hoy los teléfonos satelitales es una tarea sencilla que puede tener un enorme valor mañana. La mejor oportunidad para comprobar que estamos preparados es ahora, cuando todavía podemos prevenir una falla.
Por Silvina Graziadio, VP de Marketing de Globalsat Group – www.globalsat.com
Con Información de revistaseguridad.cl
