El diseño automovilístico puede ofrecerle a la industria de defensa una herramienta que va más allá de lo estético: la posibilidad de construir una identidad visual reconocible sin alterar las exigencias propias del producto.
En un vehículo militar, la protección, la movilidad, la capacidad de carga y los equipos de misión condicionan su forma. Sin embargo, estas restricciones no eliminan por completo el margen de decisión disponible.
El estilo puede influir en la organización de los volúmenes, la continuidad de las superficies y la integración visual de los componentes, siempre en condición subordinada a los requisitos operativos.
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