En esta tercera década del siglo XXI, se manifiesta una intensa competencia geopolítica entre las dos superpotencias globales, Estados Unidos y China. Esta rivalidad abarca no solo el ámbito económico y financiero, sino también el militar y el tecnológico. China lidera actualmente en términos de proyección económica mundial, impulsada por su iniciativa Belt and Road Initiative (BRC), que ha canalizado más de un billón de dólares en sus primeros diez años, conforme al FMI. Por otro lado, Estados Unidos mantiene la supremacía en la proyección militar a nivel global, mientras que la capacidad tecnológica de ambos países se encuentra en un delicado equilibrio. En esencia, el futuro del nuevo orden mundial está intrínsecamente ligado a las relaciones entre estas dos potencias.