La imagen de un Toledo medieval como “ciudad de las tres culturas,” cristiana, judía y musulmana, es real, pero también un tanto idealizada. Existen períodos de convivencia y cooperación, especialmente en el ámbito cultural y científico, pero también ha habido momentos de tensión, discriminación e incluso algo de violencia, aunque no tan frecuentes ni tan severos como los que se observan en la actualidad con la intervención del salafismo yihadista en diversas regiones del mundo. Esa envidiable coexistencia entre las tres grandes religiones se dio en un contexto político específico y bajo equilibrios de poder que no se pueden identificar en el mundo globalizado de hoy. Parece que, con el simple paso del tiempo, los problemas que antes se solucionaban mediante la negociación y el diálogo, ahora se abordan de forma directa a través de métodos agresivos y violentos.