Rusia, a través de sus recientes incursiones con drones, ha estado explorando el espacio aéreo europeo para evaluar su capacidad de respuesta. Estos ataques intensifican su guerra híbrida contra la OTAN y Europa, una estrategia en la que se combinan métodos violentos y no violentos en la ‘zona gris’ entre la paz y la guerra, con el fin de generar inseguridad y socavar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Moscú busca que los países europeos destinen importantes recursos a su defensa aérea, recursos que de otro modo irían dirigidos a Kiev, y ha estado presionando principalmente a Alemania y Dinamarca por su respaldo a Ucrania en la producción de armamento capaz de afectar el corazón de Rusia.