Los gobiernos europeos han comenzado una nueva fase en la planificación de la seguridad y la defensa. Entre 2025 y 2030, se realizará un cambio intencionado del rearme a corto plazo hacia la preparación estructural a largo plazo. Esto implica fortalecer la capacidad industrial, realizar inversiones en adquisiciones conjuntas, establecer reservas estratégicas y activar fuerzas de respuesta rápida. Para los inversores, esto indica un periodo de mayor visibilidad en el gasto, un fortalecimiento de las asociaciones público-privadas y una consolidación en la cadena de suministro de defensa.