En octubre, la Brigada de Aviación del Ejército de Chile (Bave) llevó a cabo el ejercicio Chusca Sigilo II, que evaluó la capacidad, precisión y trabajo conjunto de tripulaciones de helicópteros de asalto Airbus AS532AL Cougar y de reconocimiento armado MD 530F, además de los aviones de transporte Cessna C-208 Grand Caravan y Airbus Defence and Space CN-235-100-M.

Según informes del Ejército de Chile, este exigente entrenamiento fue supervisado por el comandante de la Bave, el general de brigada Milko Marinkovic. Se realizó en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, en el sur del país, combinando logística, tecnología y coordinación bajo condiciones climáticas desafiantes.

El general indicó que el objetivo del ejercicio fue “desplegar un Grupo de Tarea de Operaciones Especiales de Aviación (SOAT-G) a nivel táctico, para verificar y certificar los procesos de planificación, conducción, sostenimiento, mando y control, así como la ejecución de operaciones especiales de aviación. Esto permitió mejorar las capacidades operativas de las diferentes tripulaciones en un escenario ficticio”.

En cuanto a las fuerzas participantes, el director ejecutivo de Chusca Sigilo II, teniente coronel Pablo Carrión, informó que intervinieron el cuartel general de la Bave, los batallones de helicópteros y aviones de Operaciones Especiales, la Unidad de Rescate Aéreo (URA), una unidad de la Agrupación Especial de Montaña (Agrem), un equipo de guías de lanzamiento y la Patrulla de Auxilio y Rescate Militar (Parme) del Destacamento de Montaña N°9 Arauco, además del Batallón de Apoyo Logístico de Aviación.

Los helicópteros AS532AL Cougar y MD 530F, junto con los aviones C-208 Grand Caravan y CN-235-100-M, desempeñaron roles específicos de transporte, inserción de tropas, reconocimiento, vigilancia y lanzamiento de cargas. Cada vuelo fue una oportunidad para perfeccionar la coordinación entre aire y tierra, validando procedimientos en entornos cambiantes y de alta exigencia.

Cohesión, adaptabilidad y capacidad operativa

El personal llevó a cabo inserciones y extracciones mediante maniobras de cuerda rápida (fast rope), así como vuelos tácticos de reconocimiento en condiciones meteorológicas variables, consolidando su entrenamiento en operaciones aeromóviles. La combinación de clima complejo y pistas operativas reforzó la preparación de las tripulaciones para afrontar escenarios reales exigentes.

El ejercicio también incluyó operaciones en pistas de aterrizaje con diversas características, desde aeródromos con infraestructura básica hasta terminales con mayor capacidad. Esto facilitó el entrenamiento en maniobras de aproximación, aterrizaje y despegue bajo condiciones adversas, así como la validación de procedimientos de despliegue, abastecimiento y evacuación aérea.

Por su parte, el teniente coronel Cristóbal Marcos subrayó que “el personal se entrena mediante instrucción previa, entrenamiento progresivo y la aplicación constante de procedimientos estandarizados, lo que les permite enfrentarse a condiciones climáticas adversas, jornadas largas y las exigencias del terreno. Entrenar en zonas extremas del sur de Chile representa un desafío y una ocasión para fortalecer la cohesión del equipo, la adaptabilidad y la capacidad operativa, lo cual reafirma el compromiso del Ejército con la preparación y la seguridad del país”.

El oficial logístico del ejercicio, mayor Sebastián Avilez, destacó que la logística fue fundamental para el desarrollo del ejercicio, coordinando transporte, abastecimiento de combustible, alimentación y mantenimiento de recursos, con puntos de reabastecimiento que garantizaron la continuidad de las operaciones. Según él, “la logística es el eje central que permite el funcionamiento fluido de un ejercicio de gran envergadura, asegurando que el personal, los medios y los recursos estén disponibles oportunamente”.