Es preciso reconocer que la trascendencia práctica de Europa en el panorama geopolítico que se ha presentado en 2025 resulta, de manera determinante, irrelevante. El nivel de influencia política de su liderazgo, en comparación con figuras como Putin, Trump y Xi Jinping, es notablemente inferior. La llegada del Presidente Trump el 20 de enero pasado, día de su “entronización”, ha sido comparable a la ruptura de una presa rebosante, donde una grieta se abre y se expande cada vez más, liberando un caudal difícil de controlar; su estilo diplomático, empresarial y comercial, inestable y amenazante, con su doble bastión de aranceles y fuerza militar, está transformando el entorno internacional. Además, su desprecio hacia Europa ha sido evidente desde el momento en que su Vicepresidente Vance pronunció su célebre discurso.