En un reciente artículo publicado en Defense One el 7 de diciembre, Peter W. Singer, estratega de New America, alerta sobre la asimetría de costos en la Operación Southern Spear, iniciada por el Comando Sur de los Estados Unidos contra embarcaciones presuntamente relacionadas con el narcotráfico latinoamericano en el Mar Caribe.


En su artículo “Lanchas rápidas hundidas con un superportaaviones: el desproporcionado coste de la Operación Southern Spear”, Singer indica que, históricamente, las guerras se han evaluado en términos de “sangre y dinero”, y en este caso, la relación financiera es preocupante. De acuerdo con informes filtrados por la Comunidad de Inteligencia Estadounidense y publicados por The New York Times, la supuesta organización criminal «Cártel de los Soles» no existía hasta febrero pasado.


No obstante, las agencias federales, como la DEA, han publicado reportes que ofrecen una visión distinta sobre esta entidad, sugiriendo que genera ganancias anuales estimadas entre $6.250 y $8.750 millones de dólares. El despliegue estadounidense implica recursos cuyo costo excede los $40.000 millones de dólares solo en buques, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) y sus destructores de escolta DDG-51. A esto se añaden aeronaves, municiones y costos operativos que alcanzan cientos de miles de dólares por hora.


Esta “ecuación perdedora” refleja un patrón histórico que ha comprometido la sostenibilidad de conflictos en los que Estados Unidos ha estado involucrado, como Vietnam y Afganistán, donde el gasto militar sobrepasó a la adversidad enfrentada en busca de objetivos limitados a corto y mediano plazo. Según Singer, esta dinámica presenta a los líderes militares estadounidenses con dos alternativas: escalar la ofensiva o declarar victoria y retirarse, una decisión que podría marcar el futuro de la operación y la estrategia militar de la administración Trump en la región.


Incursión aérea en el Golfo de Venezuela


Por otro lado, el 9 de diciembre, la operación añadió un nuevo capítulo con una incursión aérea en el espacio aéreo del Golfo de Venezuela, protagonizada por aviones Boeing F/A-18E Super Hornet y Boeing EA-18G Growler. Estos últimos son plataformas especializadas en guerra electrónica, diseñadas para neutralizar sistemas de defensa aérea y comunicaciones enemigas. Este movimiento respalda lo indicado por Singer: el uso de recursos extremadamente costosos para enfrentar amenazas de bajo costo. Cada hora de vuelo de un F/A-18E Super Hornet cuesta aproximadamente $24,000 dólares, mientras que los Growler superan los $30,000, sin incluir el coste de mantenimiento del portaaviones y sus escoltas. En contraste, las embarcaciones objetivo tienen un valor significativamente inferior, lo que resalta la disparidad económica y plantea cuestionamientos sobre la sostenibilidad de la operación.


Este ataque por parte de aviones de combate del Grupo Aéreo del Ford se asemeja al incidente del Golfo de Tonkín en 1964, que desencadenó la escalada militar de Estados Unidos en Vietnam tras un supuesto ataque de lanchas patrulleras norvietnamitas a destructores de la Marina de EE.UU., un ejemplo histórico de cómo un enfrentamiento puede transformar la política exterior.


Si las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) hubieran interceptado a los F/A-18E Super Hornet en el Golfo de Venezuela, el paralelismo sería perturbador: un choque aparentemente limitado podría justificar la expansión de la operación Southern Spear hacia una guerra abierta. Tal acción, real o percibida, podría ser el catalizador que lleve a Washington a intensificar la ofensiva, con consecuencias imprevisibles.


La cuestión que surge en la Comunidad Internacional es si la administración Trump, que enfrenta creciente incertidumbre, extenderá la Operación Southern Spear a objetivos terrestres dentro de Venezuela. A pesar de que la campaña naval y aérea muestra clara superioridad tecnológica, el costo desproporcionado y las implicaciones diplomáticas generan dudas estratégicas. Un ataque en territorio venezolano podría escalar el conflicto a una guerra abierta, con riesgos de sanciones internacionales y tensiones regionales. Sin embargo, la presión política por demostrar resultados rápidos y contundentes aumenta cada día. Entre declarar victoria y retirarse o intensificar la ofensiva, la Casa Blanca se encuentra en una encrucijada que definirá su legado. (Bernardo de la Fuente)

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