La victoria de José Antonio Kast en Chile podría marcar el inicio de un cambio hacia la derecha en Iberoamérica, consolidando la tendencia observada en los últimos dos años y desafiando la hegemonía progresista que prevaleció tras la pandemia. Si Javier Milei en Argentina rompió en 2023 con el peronismo tradicional y optó por un severo ajuste, desregulación y una notable reducción del Estado para potenciar las Fuerzas Armadas, Kast ahora promueve la seguridad, el orden público y una migración controlada como soluciones clave para Chile. A partir de marzo, será interesante observar el impacto de su política en las capacidades defensivas del país. No sería descabellado prever un regreso de la industria de defensa israelí a la primera plana en países como Chile o Colombia, donde solía tener un papel significativo.
Con la llegada de Daniel Noboa en Ecuador, José Jerí en Perú, y el reformismo de centro derecha de Rodrigo Paz Pereira en Bolivia, Colombia y Brasil se preparan para un año electoral en 2026 lleno de posibilidades de cambio. El primero se abre a candidaturas conservadoras que superen la era de Gustavo Petro, mientras que el segundo enfrenta los desafíos de una complicada reelección para Lula. Si este giro hacia la derecha se consolida, podría beneficiar la estrategia de un Donald Trump decidido a restaurar la influencia estadounidense en la región frente a China e incrementar las ventas de sus sistemas de armas, consolidando así el aislamiento del chavismo en Venezuela.
La Operación Southern Spear de los Estados Unidos, destinada a combatir el narcotráfico en el Caribe y a enfrentar a Maduro, involucra recursos multimillonarios, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) y su grupo de combate, así como un notable despliegue de aeronaves, municiones y costosos mantenimientos operativos. Aunque el chavismo ha mostrado una notable resiliencia durante años, no se había enfrentado a un empeño norteamericano de esta magnitud para poner fin a su régimen.
Al acercarse el cuarto aniversario del inicio de la ofensiva rusa para tomar Kiev, 2026 comienza sin avances concretos hacia un acuerdo de paz definitivo para Ucrania. Las negociaciones promovidas por Trump enfrentan demandas aún irreconciliables por parte de Rusia y Ucrania. Se puede considerar que Kiev no se unirá a la OTAN, pero su posible admisión en la Unión Europea podría ser, al menos, un colchón de seguridad para su futuro, siempre que la UE avance en la creación de una defensa común y sólida frente a la amenaza del Este.
Los inmensos presupuestos de defensa comunitarios destinados a este objetivo, junto con las exigencias de Estados Unidos respecto al gasto que deben asumir sus aliados del Atlántico, han generado un ambiente de intensa actividad en la industria europea: contratos, alianzas, nuevos desarrollos y suministros bajo presión. Esta dinámica, aún cuando finalice el conflicto en Ucrania, se mantendrá, probable, por un par de décadas más. España no es ajena a esta situación, aunque la conservación de los sistemas actuales y futuros sigue siendo un gran desafío que el Ministerio de Defensa aún no logra resolver, a pesar de los amplios presupuestos.
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