El 6 de febrero de 2026, se anunció que el Ministerio de Defensa de Japón otorgó a Mitsubishi Electric un contrato de US$823 millones para el desarrollo de un sistema de satcom destinado a las Fuerzas de Autodefensa. Con esta medida, Japón refuerza sus capacidades de mando y control frente a escenarios de denegación y guerra electrónica.

El Indo-Pacífico está transformando el espacio en una “infraestructura crítica militar”. La necesidad de comunicaciones seguras, redundancia y rápida reposición es fundamental para operaciones conjuntas (marítimas, aéreas y terrestres) y para mantener la disuasión. Un sistema de satcom no solo se trata de «conectar»; también facilita el ISR distribuido, mejora la coordinación de fuego, optimiza la logística y asegura la continuidad del gobierno en situaciones de crisis.

Chile, que ha recorrido un camino largo y complejo en temas satelitales, debe interpretar esto como una clara advertencia: sin comunicaciones robustas, la modernización de plataformas pierde efectividad. En un país extenso y dependiente del mar, tanto el satcom como las redes seguras afectan directamente la respuesta ante crisis, la vigilancia marítima, la coordinación entre agencias y la resiliencia frente a ataques a la infraestructura digital.

Se espera que Japón avance pronto en varios hitos de integración con estaciones en tierra y en su doctrina de empleo. Esto resultará en una mayor inversión regional en satcom defensivo, más competencia por el espectro y una mayor resiliencia, además de un aumento en los incidentes espaciales que acelerarán la militarización. Mientras tanto, el riesgo radica en la concentración excesiva de tecnología y en la dependencia de un reducido número de proveedores.

Con Información de elradar.cl